La comedia, el género privilegiado tras un año y medio de pandemia

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Se estrena "Díganlo con mímica", de Nelson Valente, en el Multiteatro.

¨La comedia va a sobrevivir a todo, la risa imprime huella y genera luego una reflexión ¨, dice Carlos Belloso, protagonista junto con Diego Gentile, Andrea Politti, Iliana Calabró, David Masajnik y Gabriel Beck de ¨Díganlo con mímica¨, escrita y dirigida por Nelson Valente, que debuta el miércoles próximo en el Multiteatro, con producción de Gustavo Yankelevich.

Surgida del concurso Contar, la obra reúne a tres parejas (Politti y Belloso, Masajnic y Calabró, Gentile y Beck) que se juntan todos los sábados a jugar al ¨Dígalo con mímica¨ y que a raíz de una mentira comienzan a surgir algunas verdades. Dialogamos con Gentile, Politti y Belloso.

Periodista: ¿Cuáles son los temas de la obra?

Diego Gentile: Trata sobre las versiones de la verdad y las interpretaciones del amor. La tolerancia y los distintos conceptos de cómo amar. También se aborda la amistad, la familia política que aceptamos. Es una gran comedia sobre la verdad y la mentira. Lo troncal son los vínculos. Alezzo decía que todo siempre gira en torno al amor o su falta.

Andrea Politti: Como enunciaba Platón: en una hora de juego se puede conocer más acerca de una persona que en un año de conversación. En ese juego, los personajes descubren en sus propias vergüenzas, la verdad, a partir de una mentira que uno de ellos dice. Se liberan a través del juego las tensiones cotidianas. Sentimientos como la rivalidad y la competencia sirven como excusa para decir lo que estaba guardado.

Carlos Belloso: Está el juego en sí que tiene que ver con los reglamentos, y a partir de que rompen algunas reglas empiezan a aflorar otros temas. Se subraya la infidelidad, las diferencias entre la homosexualidad y la heterosexualidad, interesante en términos de comparación, cómo se afrontan de uno u otro lado los problemas y la vida.

P.: ¿Cómo son sus personajes?

D.G.: Es conciliador, siempre de buen humor, hasta que tiene su momento de quiebre. Está siempre bajo el ala de su pareja, que lo tiene corto y lo domina.

A.P.: Es una mujer verborrágica que no escucha. Ella cree que es buena anfitriona pero todo se sale de su control.

C.B.: Siempre me sorprendo con personajes que no se me habían ocurrido hacer, este es mediador, tranquilo, es algo que nunca encarno, siempre lo contrario, así que me da la posibilidad de ir por otro lugar, algo que busco para no aburrirme.

P.: ¿Qué impronta le da Valente como autor y director?

D.G.: Lo que lo caracteriza es su humor ácido, además es muy flexible y está abierto a los juegos actorales, y todo eso siendo su texto y sabiendo muy bien qué quiere. Pero eso no invalida que fomente la construcción desde lo grupal.

A.P.: Es una de esas obras en las que uno ríe pero de golpe se pregunta, ¿de qué me estoy riendo?

C.B.: Es una comedia que me atrajo mucho porque tiene el juego dentro del juego, la actuación dentro de la actuación. Tengo la curiosidad de ver cómo la gente participará o no. No es participativo, pero la gente no dejará de opinar. Valente tuvo una muy buena idea y la puesta va en esa excelencia. Quiero ver en qué estado estamos y el público querrá ver cómo volvimos después de la pandemia.

P.: Qué diferencias pueden marcar entre los modos de producción comercial de Yankelevich y la cooperativa en la sala independiente? ¿Qué se gana y qué se pierde?

D.G.: Vengo de una bomba del comercial como ¨Toc Toc¨ y sé que cuando está bien hecho es espectacular, pero hay ciertos patrones repetidos, el independiente tiene búsqueda, riesgo y clima. En el comercial el público sabe que se sienta a ver algo con cierta popularidad. Es bueno que Yankelevich haya querido producir esta obra argentina cuando siempre se volcó por obras de afuera. Y para los actores es cómodo entrar en algo serio, claro, prolijo, organizado, hace dos meses que estamos ensayando con la escenografía de Alberto Negrín, es entrar en un engranaje bien aceitado.

P.: ¿En el comercial no hay lugar para las obras no reideras?

D.G.: Hace once años me fui de ¨Todos eran mis hijos¨, de Miller, que dirigía Tolcachir, a ¨Toc Toc¨, me fui del clásico a la comedia, y comencé a advertir que el público quiere pagar lo que salga la entrada para ir a pasarla bien, y si encima deja pensando, es la combinación perfecta. Eso ocurre hace años pero hoy, saliendo de la pandemia, la gente busca divertirse e identificarse. Lo que hace funcionar a una obra es que el espejo, para reírse, que es una gran sensación catártica.

C.B.: La risa imprime un movimiento en el sistema nervioso central que lleva luego a la reflexión. Me río y al mismo tiempo me queda grabado en el cuerpo. El humor, y más hoy, es muy necesario, y en calle Corrientes hay de todo, teatro independiente, oficial, donde uno puede reflexionar con tragedias clásicas y hay comedias también. La tendencia del comercial es esa porque se asegura que la gente venga y se divierta, pero no quita que se pueda reflexionar.

P.: ¿Cómo ve este momento de las artes escénicas?

D.G.: El independiente es el que más la rema siempre y en pandemia quedó en evidencia que hay que ayudar a la cultura. Pero ir a ver que teatro y comprobar que funciona es muy esperanzador. Creo que juega a favor la sed de salir de la gente y que puede invertir en un espacio cultural. La gente se anima, pierde el miedo y tiene ganas.

A.P.: De a poco vuelven las obras y los actores a la escena, en una suerte de “resistencia cultural” como bien lo llamó Rotemberg. Por primera vez transité ensayos con barbijos, pantallas y a la distancia. Eso modifica. De qué manera, lo contestará el tiempo.

C.B.: La gente está ávida, lo demuestra lo bien que van las obras, y con más estrenos el público empezará a desempolvarse. Mis compañeros y yo tenemos unas ganas enormes de volver a subir a un escenario, es muy emocionante. Tenía la idea de que al teatro nunca se lo iba a tocar, podían acabarse la TV o el cine pero que el teatro siempre iba a existir, y la pandemia demostró que lo que más se perjudicó fue el teatro, por su carácter de contacto de los cuerpos arriba y abajo del escenario.

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