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29 de febrero 2008 - 00:00

Torres García revisitado en un exhaustivo estudio

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Mario H. Gradowczyk reeditó, al punto de convertirlo en un libro nuevo, su ensayo de 1985 sobre Joaquín Torres García.
En 1985 Mario H. Gradowczyk escribió «Joaquín Torres García» (Ediciones Gaglianone) sin seguramente pensar que más de 20 años después retomaría la obra del gran maestro uruguayo, figura clave del arte latinoamericano, para profundizar su análisis que culmina en «Torres García : utopía y transgresión», recientemente publicado y presentado en el Malba.

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Gradowczyk lo hace imbuído por las lecturas de Habermas, Wittgenstein, Deleuze, Guattari y Danto, entre otros, y por la comprensión acerca de los significativos cambios en la producción de obras de arte en las últimas décadas. Así lo expresa en su Introducción «La paradoja de Torres García», sobre todo al referirse a la etapa heroica del Modernismo, «cuando la práctica artística que estaba íntimamente asociada a movimientos renovadores en lo formal, y que en ciertos casos enarbolaban consignas de redención social o espiritual, ha finalizado».

Gradowwczyk habla de «rizomas» (redes múltiples) que permiten el reconocimiento de las multiplicidades simultáneas que se han dado en el Modernismo en diferentes lugares, siendo Torres García (Montevideo, 1847-1949) uno de sus exponentes. En el vasto libro se presenta un análisis detallado de la producción de una obra compleja que abarcó pinturas, murales, dibujos, relieves, esculturas, juguetes, así como el conjunto de libros, conferencias, manifiestos, base de su «Universalismo constructivo» (1944) en el que volcó sus ideas, preocupado por la formación estética y filosófica de los jóvenes.

Sobre Torres García han corrido ríos de tinta, importantes historiadores y críticos de arte se han ocupado de su obra pero Gradowczyk pregunta ¿quién es Torres García? ¿el cofundador de Cercle et Carré, uno de los puntos de partida para la difusión del arte abstracto en Europa y América? ¿El creador de la Escuela del Sur cuya obra no era desconocida por los abstractos de Nueva York?

Todo el corpus de obra de Torres García puede considerarse monumental, pero aquí Gradowczyk cita a Tomás Llorens que al referirse al uruguayo dice: «llegó muy temprano a Nueva York y demasiado tarde a París». El autor compara la vida de Torres García, un ser egocéntrico, orgulloso, generoso, tenaz, con la saga de Prometeo encadenado por Zeus por robar el fuego sagrado que dio origen a las artes, una manera de definir la indomable voluntad del artista para imponer su arte y vencer los obstáculos, por lo que siempre pagó un caro precio.

El libro de 372 páginas, con 556 ilustraciones, color y blanco y negro, editado por la Fundación Torres García, está dividido en ocho capítulos. En el primero «Clasicismo y utopía», más allá del relato biográfico y la ubicación histórica centrada en Cataluña, Gradowczyk enfatiza acerca del pensamiento del artista en cuanto a extraer lo simbólico del mito, o sea, recuperar lo esencial sostenido por la geometría y también una estructuración compositiva frontal que, en el capítulo segundo «Fragmentación y construcción» queda demostrado por los dibujos fechados 1916/7.

En el tercero, «La Utopía modernista», donde se habla de sus fracasos económicos, su emigración a Bilbao, su salud afectada por el clima, Torres se plantea la discusión entre Centro-Periferia, Norte-Sur, Clasicismo-Modernismo; descarta Barcelona, Madrid, París, sueña con Nueva York adonde llega en 1920. Se deslumbra y la considera «mi ciudad». Las pinturas de ese período corresponden a la vibración y optimismo que allí se respiraban, se siente partícipe de la vanguardia norteamericana pero otra vez su impaciencia y otra emigración: Italia, para construir sus juguetes. En este capítulo se demuestra su acercamiento al Cubismo al que considera clásico por lo que «hay que hacer algo humano, grande, arquitectónico, poético» (Carta a Barradas).

«Un Constructor con Maderas», capítulo significativo en cuanto a la vuelta que se produce respecto a la actividad manual, a la manera de los primitivos y que resultaba en una simbiosis entre artesanía y creación artística. De allí la importancia de sus juguetes que son el punto de partida para llegar a sus « constructivos».

Estamos en 1926 y en París. Pinta sus vistas urbanas, es excelente la descripción de «Barco metafísico» (1927) «un buque personaje, navegando con un destino incierto, una suerte de pintura autobiográfica, síntesis del conflicto vivido por el artista entre 1926 y 1927». A medida que el autor avanza en el análisis de la obra torresgarciana, el lector se encuentra con su simbología, con su carácter cósmico , el estudio de la simetría relacionado con la cábala y sus referencias herméticas, con las palabras clave de su arte concreto, metafísico y universal; palabras como forma, estructura, orden, armonía.

Finalmente y a pesar de muchos avatares, Torres García encontrará en Montevideo su lugar en el mundo: «ni en Buenos Aires ni en Montevideo uno puede imaginar que está en Europa. La luz ya lo indica». Gradowczyk cierra su análisis con esta síntesis: «Torres García se propuso una ambiciosa quimera, fáustica, poner en juego no sólo sus propias fuerzas sino aprehender las contenidas en el inconsciente colectivo de la humanidad....para que el observador medite sobre la condición humana, se eleve y disfrute con esa conjunción cósmica».

Obra erudita que permite introducirnos en el espíritu de un artista «errante» por su desasosegada búsqueda de verdades inconmovibles.

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