16 de agosto 2007 - 00:00

Un Capote menos cínico y más pasional con otro gran actor

Toby Jones:su Capote talvez no tengatantos maticescomo el dePhilipSeymourHoffman, perosuinterpretaciónno es menossorprendente,y su parecidofísico esmayor.
Toby Jones: su Capote tal vez no tenga tantos matices como el de Philip Seymour Hoffman, pero su interpretación no es menos sorprendente, y su parecido físico es mayor.
«Infame» (« Infamous», EE.UU., 2006; habl. en inglés). Dir.: D. McGrath. Int.: T. Jones, S. Bullock, D. Craig, P. Bogdanovich, J. Daniels, G. Paltrow, I. Rossellini, S. Weaver.

"Capote" e «Infame», films casi gemelos basados en la historia que llevó al escritor y periodista Truman Capote a gestar el clásico del siglo XX «A sangre fría», iniciaron su producción hacia la misma época. «Infame» tropezó con algunos problemas operativos y de presupuesto, y perdió la carrera por unas pocas semanas. El resto es conocido: Philip Seymour Hoffman, protagonista de la película rival, se quedó con el Oscar; los libros de Truman Capote tuvieron una nueva primavera en las librerías del mundo, e « Infame» quedó oculta en los estantes de su productora ya que ninguna cadena de exhibición se hubiera atrevido a estrenarla sin que transcurriera, al menos, un año.

Desafortunadamente, es imposible (para todo espectador que haya visto el film anterior) desentenderse de su recuerdo, que condiciona la mirada sobre el de ahora. Sin embargo, se trata de dos aproximaciones muy distintas, y valiosas ambas.

El film de Douglas Mc-Grath, protagonizado por el inglés Toby Jones (dejar de lado su acento fue la proeza adicional que sumó a la extraordinaria mímesis con el personaje), no sólo difiere de su precedecesor por un tratamiento más radical y emocional de la historia. Se hace cargo, también, de algunas preocupaciones «teóricas» y hasta simbólicas que, cuando no rozan lo explícito (acercándolo en esos momentos al precipicio de lo didáctico), se vuelven seductoras.

Como si el Capote de Philip Seymour Hoffman hubiese acaparado todo su cinismo, el de Toby Jones subraya la parte más inocente: su personaje es el de un desprotegido ángel gay, ingenioso, procaz y frágil, víctima de una obsesión literaria y amorosa (sobre todo lo último) que termina por hundirle la carrera y la existencia. Para escribir «A sangre fría», el Capote de Hoffman se involucra intelectualmente con el crimen de Texas; el de Jones, que deja su vida en ese caso, termina convertido, metafóricamente, en un cadáver más cuando ejecutan a los asesinos Hickock y Perry. El guión lo deja claro en palabras de la amiga del protagonista Harper Lee, autora de «Matar a un ruiseñor» (Sandra Bullock): «Ese día, acabaron con tres personas». La relación entre Capote y Perry (interpretado por el actual James Bond Daniel Craig), más contenida en el film anterior y resuelta de manera no menos cínica aunque quizá más real, adquiere ahora una intensidad pasional clara y sin segundos propósitos. De Capote no se presume que quiera explotar a Perry sino que está subyugado por él; en todo caso, la sombra de esa presunción sólo podría darla el recuerdo de la misma situación en la película con Hoffman.

Sin embargo, la visión de McGrath está expuesta desde la misma apertura con una escena que puede parecer gratuita, y que sólo al final se resignifica: Capote y una de sus amigas socialites (Sigourney Weaver) asisten, en un café concert, al recital de una cantante que interpreta Gwyneth Paltrow (única aparición suya en todo el film): en escena, durante una interpretación muy profesional, algo le quiebra la voz y no puede continuar. Son unos segundos que paralizan al público, pero luego prosigue y vuelve la calma. Capote, en su vida, fue incapaz de continuar.

A propósito de Paltrow: no es ella la única figura que aparece en esta película de excéntrico reparto de estrellas. También están, con breves papeles, la citada-Weaver, Peter Bogdanovich, Isabella Rossellini y Hope Davis, entre otros. A Jeff Daniels, simple y eficaz, le toca una interpretación más importante, la del sheriff Alvey, captor de los asesinos, que al principio, tal como ocurría en el film anterior, discrimina y rehúye a Capote sobre todo cuando éste le explica con su timbre afectado y femenino que está tratando de fundar un nuevo «género literario, un nuevo periodismo y una nueva literatura». A veces el guión confunde lo profesoral con lo dramático. Pero son pocos casos.

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