11 de noviembre 2008 - 00:00

Un "Don Giovanni" apenas aceptable

La ópera deMozart tienecorrectaorquestación deCarlos Vieu, unaconvencionalrégie de Rita deLeteriis y, a faltade un buen DonJuan (GustavoAhalli), entre loscantantes selucen HernánIturralde yCarlos Ullán.
La ópera de Mozart tiene correcta orquestación de Carlos Vieu, una convencional régie de Rita de Leteriis y, a falta de un buen Don Juan (Gustavo Ahalli), entre los cantantes se lucen Hernán Iturralde y Carlos Ullán.
«Don Giovanni». Opera en dos actos. Mús.: W. A. Mozart. Lib.: L. Da Ponte. Dir. mus.: C. Vieu. Régie: R. De Letteriis. Esc.: S. Elder. Vest.: E. Lerchundi. Luces: E. Sirlin. Coreog.: A. Cervera. Coro: J. Casasbellas. (Teatro Avenida; hasta el 15/11.)

Buenos Aires Lírica clausura su temporada 2008 con la ópera «Don Giovanni» de Mozart. Durante todo el año esta institución hizo esfuerzos válidos para llevar adelante una programación de calidad y hay que reconocer que en algunos casos obtuvo resultados trascendentes.

Esta nueva versión de «Don Giovanni», sin embargo, es sólo aceptable, sin momentos brillantes ni especialmente remarcables. En la función inaugural, la orquesta dirigida por Carlos Vieu comenzó la obertura con algunos desajustes y un ritmo algo cansino que con el correr de las distintas escenas se fue configurando de un modo más musical y con una dinámica justa. Vieu se encuentra cómodo en la ópera de fragor italiano, y este Mozart tiene bastante de eso. Trabaja bien los planos y es expresivo en los acompañamientos y en la tarea de concertador. Como es habitual, canta y actúa bien el coro de BAL, con Juan Casasbellas en la dirección, aunque en esta ópera el coro no tiene mucho para hacer.

Rita de Letteriis es una regista sensible y manejó con autoridad el movimiento escénico, aunque se hubiera preferido mayor libertad expresiva. El «Don Juan», por su contemporaneidad, resiste cambios de mirada y actualización constante. Acá no hubo nada audaz como el protagonista.

La escenografía de Santiago Elder eligió la división en planos y elementos mínimos para cada escena y a veces falta una mayor caracterización local. No es el mismo espacio la primera escena que la segunda del acto I y, en esta versión, ambas se jugaron en el mismo espacio. Las luces de Eli Sirlin nivelan con una gama tenue las diferencias y crean una atmósfera armoniosa con el vestuario de Eduardo Lerchundi.

Gustavo Ahualli no tiene ni la personalidad ni el carisma que exige Don Juan; tampoco la voz. En cambio, hay dos estilistas. Hernán Iturralde compone un Leporello grave y convincentemente asombrado por la inescrupulosidad de su amo. Es un gran cantante, además, que junto a Carlos Ullán en Don Octavio, son las dos figuras de la puesta. Carla Filipcic Holm en Doña Ana exagera en el primer acto y está más medida y mejor cantante en el acto II. El resto de los intérpretes canta y actúa con buena actitud, salvo algunos casos, totalmente insuficientes para la responsabilidad que les fue confiada.

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