Acompañado sólo por su guitarra y el buen pianista Ricard Miralles, Joan Manuel Serrat hoy disimula sus dificultades vocales poniendo el acento en la composición, su mejor arte.
"Serrat 100 x 100". Joan Manuel Serrat (voz, guitarra). Con Ricard Miralles (piano). (Teatro Gran Rex, 15 de noviembre). Joan Manuel Serrat volvió a Buenos Aires recuperado de un serio problema de salud, para presentarse apenas acompañado por su guitarra y por el imponente piano de su viejo compañero Ricard Miralles, y con un repertorio integrado fundamentalmente por sus clásicos. Así inició una larga serie de actuaciones que tendrá nueve fechas en el teatro Gran Rex y que lo llevará por varias ciudades del país.
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Menos «espectacular» que en visitas anteriores, con la sencillez de una voz puesta en primer plano, con el respaldo de unos pocos acordes de guitarra y el virtuosismo de su pianista, el catalán encuentra su mejor veta. Su garganta -quizá castigada por la convalescencia o simplemente producto del paso de los años- no tiene la frescura de otros tiempos; y se notó en la dificultad para abordar algunas zonas agudas de su registro, que lo llevó a cambiar, incluso, algunos pasajes melódicos.
Pero, como contrapartida, sin la atadura de un show más convencional, con la libertad de cantar como si se tratara de una reunión de amigos, su arte principal -el de la composición- se lució muchísimo más. A lo largo de más de dos horas, salpicadas de anécdotas y chistes estudiados y relatados con profesionalismo, el cantautor interpretó títulos emblemáticos de la canción popular de habla hispana. Hizo piezas antológicas, como «Menos tu vientre», «Mediterráneo», «Señora», «Tu nombre me sabe a hierba», «Cantares» (el momento más ovacionado de la noche), « Penélope», «Romance de curro el palmo», «Esos locos bajitos» o «Aquellas pequeñas cosas». Sumó algunas canciones más recientes, como «Disculpe el señor», «Caprichoso el azar», «Una de piratas», «Muñeca rusa», «Hoy puede ser un gran día». Hizo un único tema en catalán, «Cançó del lladre», que no suele estar en sus repertorios argentinos. Y hubo otra sorpresa en la inclusión de «Vendedor de yuyos» de Pablo Del Cerro y Atahualpa Yupanqui («uno de mis grandes maestros», según dijo).
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