ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

15 de junio 2006 - 00:00

Una amarga alegoría de cualquier guerra

ver más
Lo universal de la obra de Paskaljevic es el vínculo que se establece entre un serbio que sale de la cárcel y la mujer bosnia que tomó su casa y vive ahí con su hija autista.
«Sueño de una noche de invierno» (San zimske noci, Serbia, 2004, habl. en serbio). Dir.: G. Paskaljevic. Int.: L. Ristovski, J. Zalica, J. Mitic, S. Ninkovic, D. Janicijevic.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Es realmente dura esta nueva película del serbio Goran Paskaljevic, autor de quien tiempo atrás nuestro público ya vio dos películas también duras, y también muy buenas: «La otra América», sobre penas y esperanzas de los inmigrantes, y «Como barril de pólvora», que en tremenda espiral de violencia compone un episodio muy representativo del estado de ánimo de muchos balcánicos antes de la guerra. Inflamados, belicosos, deliberadamente ciegos, y forzosamente mentirosos. Nadie quiere la guerra si no se miente a sí mismo acerca de sus consecuencias.

«Sueño de una noche de invierno» hace una pintura del otro estado de ánimo, el posterior a esas consecuencias. Y habla de algunas personas que quisieran alimentar la ilusión de tiempos mejores. Pero este autor no se hace ninguna ilusión. Sabe que a su país lo siguen manejando los mismos hombres que lo llevaron a la destrucción y la vergüenza, y los denuncia. El denuncia la mentalidad de tantos partidarios de Milosevic que no aceptan sus errores ni piden siquiera disculpas por los horrores de lesa humanidad que cometieron (de los que en el fondo se sienten orgullosos). Y, al mismo tiempo, él describe la particular actitud de una enorme masa de gente que tras la guerra se envolvió en sí misma, bloqueó el diálogo con el mundo exterior, se volvió autista.

Por eso, los principales personajes de esta obra son un serbio que sale de la cárcel, convicto de asesinato, una bosnia que entretanto ha ocupado su casa, y la hija de esta mujer, una chica autista, inocente, plena de vida, y muy necesitada de afecto y de cuidados. Al principio el hombre quisiera echarlas. Luego, cargados de soledad, dolor, y culpas, los tres advierten también la rara posibilidad de formar una familia. ¿Pero los dejarán hacer la prueba? «En mi tierra no hay finales felices», ha dicho Paskaljevic. En su tierra muchos lo odian, por decir y mostrar estas cosas. Hasta lo acusan de haber tenido «el mal gusto de poner ante cámaras a una chica discapacitada». Los mismos que dejaron a tanta gente destrozada para toda la vida.

Paskaljevic hace entonces un relato alegórico. Pero esto (hay que poner las cosas en su debida proporción) no es lo principal de la película. Lo principal, lo universal, es la historia de esas tres personas. Para el público general no importa demasiado de qué país o de qué guerra se habla. Todas las guerras son iguales. Lo que importa, y lo que aquí resalta, es ver cómo abre alguien su corazón, cuando está curtido de dolor y sabe que debe arriesgarse a otros dolores, pero que ése es el único modo de vivir como seres humanos. Por ahí va lo que más engrandece a esta película, hondamente amarga y hondamente noble.

A destacar, la actuación de Lazar Ristovski («Underground», «Como barril de pólvora»), el trabajo con la chica (para cuyas escenas la siguieron con dos dv-cams, cosa de no amedrentarla con un aparato 35 mm. ni con marcaciones que hubieran sido inútiles), y, ya que estamos, a destacar también dos viejas películas de los comienzos de Paskaljevic, que suelen darse en cable: «El guardavidas en invierno», y «Unas pocas palabras acerca del amor». Son obras comparativamente menores, pero conviene verlas.

P.S.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias