Hay policiales de buena ejecución y argumento disparatado, por no decir pavote. “El afinador” (“Tuner”) se ajusta perfectamente a esta categoría, lo que obliga al espectador a pasar por alto, a veces con resignación, el cúmulo de inverosimilitudes que sostiene su trama.
La película de Daniel Roher parte de una premisa tan atractiva como improbable: Niki White (Leo Woodall), un joven afinador de pianos con hiperacusia y oído perfecto, vive defendido del mundo por tapones y auriculares. Los ruidos del entorno son para él una agresión continua. Ese rasgo, que en principio lo condenó a abandonar una carrera posible como pianista, termina convertido en herramienta de trabajo: primero para afinar Steinways ajenos; después, para abrir cajas fuertes (por los sutiles sonidos de las llaves internas, al girarlas, logra descifrar cualquier combinación.)
La película se apoya en la confianza de que el espectador aceptará casi cualquier cosa si el relato es suficientemente preciso, y con los ganchos necesarios de suspenso y romance. Los problemas aparecen cuando pretende convertir esa habilidad en destino criminal, culpa, redención y comentario social.
Niki trabaja junto a su tío Harry Horowitz (Dustin Hoffman), el veterano afinador que funciona como jefe y figura casi paterna. La reaparición de Hoffman es, en buena medida, el anzuelo de taquilla de la película, al menos para ese público de mayor edad que lo disfrutó en sus años de esplendor. Su papel es breve, pero Roher lo maneja bien y se vale de su carisma, oficio y una simpatía que la película necesita. El pequeño piano de juguete con el rostro del Hoffman joven, colocado como adorno móvil en el capó de la camioneta que ambos utilizan, es un detalle menor pero eficaz. Tiene algo de homenaje privado, de guiño cinéfilo, y funciona mejor que cualquier subrayado nostálgico.
La entrada de Niki al delito tiene la lógica caprichosa de muchas ficciones policiales: por una casualidad, el afinador descubre que su oído sirve también para detectar el mecanismo de una caja fuerte. Eso ocurre mientras, al afinar un piano, descubre en una casa a una banda de criminales que están tratando de violar una caja fuerte.
A partir de allí, el jefe de la banda, Uri (Lior Raz), lo incorpora con extrema facilidad. Claro, Niki necesita el dinero para una causa noble. La película pide que aceptemos que un muchacho vulnerable, con una condición auditiva severa, se vuelva pieza útil de una banda de ladrones de la noche a la mañana.
El vínculo con Ruthie (Havana Rose Liu), la joven pianista y compositora, es el contrapeso sentimental de la trama. Ella primero lo mira como una interferencia, el técnico que llega a afinar un piano y corta su concentración. Después advierte que ese hombre retraído posee una escucha excepcional. El problema es que el romance, aunque amable, también queda arrastrado por los engranajes del thriller, una fórmula de manual.
Marius Maissner (Jean Reno) aparece en otro papel menor de lujo, como el maestro o gran referente musical con quien Ruthie aspira a estudiar. Su presencia es funcional: aparece poco, pesa más por lo que representa que por lo que hace, y aporta esa cuota de autoridad europea que el guion necesita para elevar las ambiciones de la pianista. También recae en él el hallazgo menos creíble de la película, y que vincula a dos Rolex con el Holocausto. Demasiado.
En el desfile de estrellas invitadas hay que sumar a Herbie Hancock, el célebre pianista de jazz estadounidense que se interpreta a sí mismo en una escena breve.
“El afinador” tiene mejores escenas que argumento. Su mayor originalidad está en el uso del sonido, en la manera de convertir una condición física en principio dramático (algo lejanamente similar ocurría en “El alarido”, de Jerzy Skolimowski, aunque con ribetes fantásticos). Su mayor debilidad está en la cadena de hechos que empuja la acción. Casi todo lo importante sucede porque el libro lo necesita, más allá de toda lógica: el delito llega justo cuando se necesita dinero, el amor cuando la doble vida empieza a ser peligrosa.
Aun así, la película se ve con agrado. Roher filma con seguridad, el elenco sostiene las zonas más débiles, es reconfortante ver nuevamente a Dustin Hoffman, y Leo Woodall compone a Niki sin convertirlo en un catálogo de tics. Ese es su encanto limitado.
“El afinador” (“Tuner”, EE.UU., 2026). Dir.: Daniel Roher. Int.: Leo Woodall, Havana Rose Liu, Dustin Hoffman, Jean Reno.