Hay figuras que se adaptan a la cultura popular y hay figuras que, directamente, la construyen. Ana María Casanova, conocida universalmente como Moria Casán, pertenece a este segundo y selecto grupo. Este 16 de agosto la gran diva argentina celebra sus 80 años de vida, una cifra que en cualquier otro mortal sugeriría descanso o balance melancólico, pero que en ella suena a simple anécdota cronológica.
Moria Casán cumple 80 años: vanguardia, provocación y la invención de un mito viviente
De la mítica calle Corrientes a una serie en Netflix, Ana María Casanova construyó una carrera sin filtros que desafió los mandatos de época y la transformó en la figura más libre del espectáculo argentino.
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Moria, un icono de la cultura argentina.
"La One", el "Obelisco con tetas", la filósofa del camp criollo y la dueña de una elocuencia capaz de demoler cualquier careta institucional alcanza las ocho décadas más vigente, provocadora e inalcanzable que nunca.
A lo largo de más de medio siglo de carrera intermitente pero jamás ausente, Moria atravesó todos los formatos posibles: teatro de revista, cine de culto popular, conducción televisiva, jurado de certámenes multitudinarios, fenómeno de las redes sociales e inspiración para las nuevas generaciones de la música pop.
La historia de Moria es la de una mujer que jamás pidió permiso, que transformó el concepto de empoderamiento cuando la palabra ni siquiera existía en el diccionario mediático y que convirtió su existencia en una obra de arte conceptual en movimiento constante.
"Soy el Obelisco con tetas": los orígenes de Ana María Casanova y el nacimiento del mito
Antes de la marquesina encendida y la diva absoluta, estuvo la niña de San Telmo. Nacida el 16 de agosto de 1946 en el seno de una familia de clase media integrada por su padre Eduardo, oficial del ejército, y su madre Rosa Faiad, ama de casa, Ana María Casanova creció en un ambiente donde la disciplina familiar convivía con una personalidad indómita que no tardaría en manifestarse.
Desde muy pequeña demostró una vocación natural por la expresión corporal, el ritmo y el arte: estudió danza clásica, danzas españolas y se recibió de profesora a temprana edad, acumulando una formación académica y rigurosa que más tarde serviría de cimiento para su absoluta soltura escénica.
Sin embargo, el destino de Ana María no estaba entre las paredes de una escuela tradicional ni en los mandatos de época que exigían matrimonio joven y sumisión doméstica. Poseedora de una estatura imponente de 1,78 metros, una figura despampanante y un carisma casi magnético, comenzó a dar sus primeros pasos en el modelaje a finales de la década de 1960.
El verdadero punto de inflexión ocurrió cuando pisó por primera vez los camarines de la mítica calle Corrientes. Fue en ese ecosistema de plumas, marquesinas deslumbrantes y luces de neón donde Ana María Casanova quedó sepultada para dar a luz a Moria Casán: un alter ego monumental, diseñado para devorarse el mundo y desafiar la recatada moral de la sociedad argentina de entonces.
Ella misma sintetizaría años más tarde su presencia escénica y su lugar de monumento urbano con una de sus definiciones más desbordantes: se autoproclamó "el Obelisco con tetas", una síntesis perfecta entre lo imponente del símbolo porteño y la exuberancia de su femineidad.
"Se cuelgan de mis tetas": la conquista de la calle Corrientes y el salto arrollador al cine
El debut teatral de Moria se produjo en 1969 en el Teatro El Nacional con la obra Cuando la mariposa canta. Su irrupción fue un impacto sísmico para el género del teatro de revista.
En un universo dominado tradicionalmente por la mirada masculina y donde las vedettes solían cumplir un rol puramente estético y pasivo, Moria revolucionó las reglas del juego desde el primer instante. No solo poseía un físico escultural que paralizaba a la audiencia, sino que tenía algo mucho más peligroso para los esquemas tradicionales: una inteligencia afilada, un dominio absoluto de la escena y una capacidad de respuesta humorística que dejaba atónitos a los capocómicos.
Rápidamente compartió cartel con las máximas leyendas del género como Nélida Roca, Nélida Lobato y Zulma Faiad, consagrándose en muy poco tiempo como la vedette número uno del país. Frente a las envidias y oportunismos propios del ambiente artístico, Moria acuñó otra de sus frases históricas: "Se cuelgan de mis tetas", metáfora certera sobre todos aquellos que buscaban prensa o notoriedad a costa de su figura deslumbrante.
Su presencia escénica no tardó en llamar la atención de la industria cinematográfica. El salto al cine de masas se dio durante la década de 1970 y se consolidó de manera arrolladora en los años 80. Moria protagonizó decenas de comedias picarescas que batieron récords absolutos de taquilla, convirtiéndose en la figura femenina indiscutida del cine comercial argentino.
Títulos emblemáticos como Los doctores las prefieren desnudas, El gordo catástrofe, A los cirujanos se les va la mano o Aptas para todo público la instalaron en la retina de millones de espectadores. Moria no jugaba el rol de la ingenua en la película; era la mujer fuerte, decidida, con iniciativa propia y un sentido del humor ágil que desarmaba cualquier intento de cosificación.
"Si querés llorar, llorá": la reinvención televisiva y la dueña absoluta de la lengua karateca
Si el teatro la consagró y el cine la masificó, la televisión fue el territorio donde Moria Casán desplegó su faceta más rupturista y vanguardista. Hacia finales de los años 80 y durante toda la década del 90, encabezó ciclos que hicieron historia por su audacia y su absoluta falta de prejuicios.
Programas como A la cama con Moria, Monumental Moria, Atreveos o Moria con todos rompieron moldes estructurales. En A la cama con Moria, por ejemplo, entrevistaba a personalidades de la política, la cultura y el espectáculo acostada en una cama matrimonial, en un clima de intimidad, ironía y desparpajo impensado para la época.
Moria hablaba abiertamente de libertad sexual, placer femenino, diversidad, masturbación y deseos sin tapujos, adelantándose varias décadas a debates que la sociedad tardaría muchísimo tiempo en asimilar. Condujo varios talk shows y frente a los llantos mediáticos de sus invitados o panelistas, inmortalizó la muletilla que quedaría grabada a fuego en la memoria colectiva argentina: "Si querés llorar, llorá".
Con el cambio de milenio, su figura encontró un nuevo estándar de popularidad masiva al integrarse como jurado estrella en los certámenes de baile conducidos por Marcelo Tinelli en Bailando por un sueño. Allí terminó de pulir su marca registrada: la "lengua karateca".
Moria no solo juzgaba coreografías; realizaba verdaderas autopsias psicológicas en vivo, inventaba términos en tiempo real, desarmaba personajes armados con una sola frase y creaba momentos de culto televisivo. De su genio verbal nacieron frases inolvidables como "Si yo soy cotillón, vos sos papel picado", "Comen mortadela y eructan caviar", "Sos un helado de pollo: ¡no existís!" o "Tienen el sí fácil y el seso hueco".
"No me comparen porque me devalúan": su relación con las grandes figuras del espectáculo argentino
Hablar de la trayectoria de Moria Casán implica mapear la historia misma del espectáculo argentino y sus grandes dinastías.
Su relación con los dos gigantes de la comedia nacional, Alberto Olmedo y Jorge Porcel, fue fundacional. Con ellos formó un tridente cómico imbatible en el teatro y el cine. Sin embargo, a diferencia de otras actrices de la época, Moria estableció con ambos una relación de absoluta paridad profesional: jamás se posicionó como una subordinada del humor masculino, sino como una socia escénica capaz de rematar los chistes y marcar el ritmo de las escenas.
Su vínculo con las otras dos grandes divas de la Argentina, Susana Giménez y Mirtha Legrand, siempre estuvo teñido de una fascinante mezcla de respeto, competencia mediática y devoción mutua.
Con Susana mantuvieron una amistad histórica marcada por el cariño y las peleas, Moria jamás dudó en marcar sus marcadas diferencias ideológicas y de estilo. Ante las constantes comparaciones mediáticas entre la trinidad dorada de la pantalla, Moria sentenció fiel a su estilo: "No me comparen con Susana ni con Mirtha porque me devalúan", marcando su posición de artista polifacética y vanguardista frente a los roles de conductoras tradicionales.
En el ámbito teatral, su alianza y posteriores distanciamientos con Carmen Barbieri regalaron algunos de los capítulos más memorables de la farándula nacional, culminando en éxitos de taquilla como Escandalosas. Asimismo, su trabajo junto a creativos e intelectuales de la talla de Jorge Guinzburg o José María Muscari en sus apuestas teatrales demostró que Moria siempre fue una figura sumamente maleable, capaz de deslumbrar tanto en la picaresca popular como en el teatro de autor.
"Les recomiendo el tratamiento chongo-shock": amores, desamores y la relación visceral con Sofía Gala
La vida sentimental de Moria ha sido tan intensa, libre y pública como su propia carrera, aunque siempre bajo una premisa innegociable: su independencia personal. Moria jamás perteneció a ningún hombre ni permitió que ninguna pareja opacara su proyección personal. Fiel a su visión desinhibida de las relaciones y el deseo, solía aconsejar a los medios con gracia irreverente: "Les recomiendo el tratamiento chongo-shock", reivindicando el goce y la soltería sin culpas ni solemnidades.
Su gran amor institucional y padre de su única hija fue el actor y director Mario Castiglione. De esa relación atravesada por la pasión artística y los conflictos mediáticos nació en 1987 Sofía Gala Castiglione.
El divorcio de Castiglione fue ruidoso, pero sentó las bases de la madurez emocional de Moria, quien continuó su vida sentimental con hombres generalmente más jóvenes o de perfiles dispares, como Luis Vadalá (con quien sostuvo una relación de una década que terminó en un sonado litigio legal), Xavier Ferrer Vázquez y, más recientemente, el dirigente político Fernando "Pato" Galmarini, con quien encontró una convivencia madura, relajada y cómplice a la que definió risueñamente como "la longevidad al palo".
Sin embargo, el vínculo afectivo más complejo, profundo e icónico de su vida es el que mantiene con su hija, Sofía Gala. Criada frente a las cámaras de televisión, Sofía heredó la personalidad arrolladora y el talento de su madre, pero construyó su propio camino como una de las actrices más prestigiosas del cine dramático e independiente argentino. La relación entre ambas atravesó todas las estaciones posibles: enfrentamientos públicos encendidos, distanciamientos, reconciliaciones emotivas y una profunda admiración profesional mutua.
Moria y Sofía representan dos generaciones de mujeres fuertemente autónomas que aprendieron a aceptarse sin caretas. El rol de Moria como abuela de Helena y Dante (hijos de Sofía) mostró además una faceta tierna, amorosa y desestructurada, lejos de la postura rígida de las abuelas tradicionales.
"Por más que me caiga en una cloaca, me levanto y huelo a rosas ¡mi amor!": política, Paraguay y la capacidad de resurgir
La vida de Moria Casán también ha tocado las fibras del poder y la controversia extrema, demostrando una resiliencia inusual para transformar cualquier crisis en un triunfo de imagen pública.
En el convulso año 2001, en plena crisis económica y social argentina, Moria sorprendió al país al lanzar su candidatura a Diputada Nacional por el Partido Federal. Con el eslogan "Moria al Congreso" y una plataforma basada en la defensa de los derechos de las minorías y la asistencia social, logró una cantidad respetable de votos. Aunque no accedió a la banca, su incursión confirmó su estatus de figura transversal con llegada directa a las clases populares.
Años más tarde, su unión afectiva con "Pato" Galmarini la conectó familiarmente con la cúpula política (al convertirse en la pareja del suegro de Sergio Massa), un terreno en el que se mueve con naturalidad sin perder jamás su filtro crítico e irreverente.
Pero el episodio más surrealista y dramático de su historia ocurrió cuando se vio envuelta en un escándalo internacional en Paraguay, acusada de la supuesta apropiación de un juego de joyas valuado en miles de dólares tras un desfile en Luque. El caso derivó en su detención e internación en el penal de mujeres El Buen Pastor en Asunción.
Cualquier otra figura mediática habría quedado devastada por la experiencia del presidio y la condena pública. Moria, en cambio, la convirtió en un fenómeno pop.
Durante sus días en prisión, trabó amistad con las internas, compartió su comida, organizó talleres improvisados de autoestima y declaró a los medios con la cabeza erguida: "El penal me humanizó, fue como un spa mental". Salió en libertad ovacionada por sus compañeras de pabellón y con la devoción del público paraguayo. Ante este y otros golpes de la vida, su máxima infalible resonó con más fuerza que nunca: "Por más que me caiga en una cloaca, me levanto y huelo a rosas ¡mi amor!".
"¿Quiénes son?": de la canción de Lali Espósito al fenómeno global en Netflix
En los últimos años, mientras muchas figuras de su generación optaron por el retiro o el recuerdo nostálgico, Moria Casán experimentó una fenomenal reconversión hacia el universo de las nuevas generaciones. Se convirtió en una bandera viva para el colectivo LGBTQ+, que desde siempre la veneró por su defensa irrestricta de la diversidad sexual, la identidad de género y la libertad de los cuerpos cuando casi nadie lo hacía en la televisión abierta.
Esta consagración como ícono pop definitivo se materializó de forma brillante en el ámbito musical en 2023, cuando la superestrella pop Lali Espósito lanzó el tema que lleva por título la inolvidable muletilla de Moria: "¿Quiénes son?". La canción no solo rindió un homenaje explícito a la diva, sino que incluyó audios reales de su voz enviados por WhatsApp y contó con su participación estelar en el videoclip oficial. El tema se convirtió en un himno intergeneracional, presentando la figura de Moria a millones de jóvenes en toda América Latina y reafirmando su estatus de reina indiscutida del camp y la cultura urbana.
En el teatro, continuó desafiando las convenciones interpretativas. Integró el elenco histórico de Brujas (la obra más vista del teatro argentino) y asumió el riesgo artístico de encarnar al mismísimo mandatario romano en una versión libre e irreverente de Julio César de William Shakespeare, dirigida por Muscari, cosechando elogios unánimes de la crítica especializada.
El impacto cultural de su existencia ha alcanzado dimensiones globales con el estreno de la serie biográfica sobre su vida en Netflix, una producción de gran escala destinada a retratar las mil caras de Ana María Casanova y la invención de Moria Casán. El proyecto confirma que su biografía no es solo la historia de una artista, sino la radiografía de más de medio siglo de la sociedad y el espectáculo argentino.
"El decorado se calla": el legado eterno de La One a sus 80 años
Llegar a los 80 años siendo una figura central de la conversación cultural, trending topic constante en redes sociales, filósofa de la televisión y símbolo de libertad absoluta es un privilegio reservado para muy pocos seres humanos.
Moria Casán no es el producto de un diseño de marketing ni el resultado de modas pasajeras. Es una fuerza de la naturaleza que inventó su propio lenguaje, que desmontó los prejuicios del patriarcado mucho antes de que el feminismo se volviera un movimiento masivo y que enseñó a varias generaciones de argentinos que la vejez no existe cuando la mente permanece rebelde, lúcida y hambrienta de futuro.
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