19 de agosto 2026 - 08:43

Dólar y barrera de $1.500: cuál es la estrategia oficial que vuelve a tensionar las tasas y el mercado

El mayorista volvió a $1.495 y el mercado sigue de cerca las intervenciones del Banco Central y el Tesoro. La contracara aparece en las tasas de interés y en un menor ritmo de compra de reservas durante agosto.

A cuánto cotiza el dólar este miércoles 19 de agosto.

A cuánto cotiza el dólar este miércoles 19 de agosto.

Gemini IA

El dólar mayorista volvió a acercarse este martes a la barrera de los $1.500, un nivel que se convirtió en una referencia clave para el mercado durante las últimas semanas. La cotización avanzó $7,50 hasta los $1.495, mientras que las tasas de interés volvieron a mostrar tensión en un escenario marcado por una mayor coordinación entre el Banco Central (BCRA) y el Tesoro para administrar la liquidez y contener la volatilidad cambiaria.

La estrategia oficial busca sostener simultáneamente tres objetivos: evitar una aceleración del dólar, administrar las tasas de interés en pesos y continuar acumulando reservas. Sin embargo, el equilibrio entre esas variables comienza a ser seguido con mayor atención por los operadores, especialmente ante el impacto que las intervenciones tienen sobre la liquidez del sistema financiero.

El tipo de cambio mayorista terminó la rueda a $1.495, apenas $5 por debajo de la barrera de los $1.500, y quedó un 24,8% por debajo del techo formal de la banda cambiaria, que este martes se ubicó en $1.865,14.

En el mercado de futuros, los contratos operaron con mayoría de subas, aunque moderadas. Las cotizaciones implícitas ubican al dólar mayorista alrededor de $1.503 para fines de agosto y $1.618 hacia diciembre.

El movimiento también se trasladó al resto de las cotizaciones. En el Banco Nación, el dólar minorista avanzó hasta $1.515 para la venta, mientras que el MEP subió 0,5%, hasta $1.522,83, y el contado con liquidación (CCL) ganó 0,6%, hasta $1.579,07. Por su parte, el blue aumentó $10 y terminó en $1.555.

El mercado vuelve a mirar la barrera de los $1.500

La dificultad que viene mostrando el dólar para superar de manera sostenida los $1.500 alimentó entre los operadores la percepción de que el Gobierno busca mantener la cotización alrededor de ese nivel en el corto plazo, aunque el techo formal de la banda se encuentra considerablemente más arriba.

Para hacerlo, el BCRA viene utilizando diferentes herramientas. Además de moderar sus compras en el mercado oficial, aparecen operaciones en futuros y bonos vinculados al tipo de cambio, mientras que la autoridad monetaria también interviene sobre las condiciones de liquidez mediante el mercado de pases.

La consultora 1816 señaló que la decisión de “marcar” los $1.500 como techo de corto plazo también tuvo consecuencias sobre los activos argentinos. Según la firma, la estrategia “afectó la dinámica de la deuda en dólares”, que mostró un desempeño negativo frente a otros mercados emergentes durante las últimas jornadas.

El efecto se observa también en el riesgo país, que volvió a acercarse a los 500 puntos básicos en medio de la caída que vienen acumulando los bonos soberanos en dólares.

La consultora 1816 señaló que la decisión de “marcar” los $1.500 como techo de corto plazo tuvo consecuencias

La consultora 1816 señaló que la decisión de “marcar” los $1.500 como techo de corto plazo tuvo consecuencias

Tasas más altas, la contracara de la estabilidad cambiaria

Uno de los principales efectos de la estrategia aparece en el mercado de pesos. La liquidez volvió a encarecerse, algo que comenzó a reflejarse en las tasas de caución, repo y colocaciones bancarias.

La tensión expone uno de los dilemas que enfrenta actualmente el programa económico: mantener suficientes pesos en el sistema para evitar una escalada de las tasas, sin generar al mismo tiempo un exceso de liquidez que pueda trasladarse a una mayor demanda de dólares.

En este esquema, el Ministerio de Economía comenzó a tener una participación más activa. Además de las licitaciones de deuda, el Tesoro administra parte de la liquidez mediante sus depósitos en entidades financieras.

Una muestra de esta política ocurrió en la última licitación de julio, cuando el Tesoro captó alrededor de $4 billones por encima de los vencimientos, pero evitó transferir inmediatamente la totalidad de esos fondos al BCRA.

Parte del dinero permaneció depositado en bancos, una decisión que permitió evitar una absorción brusca de pesos y administrar de manera más gradual la liquidez disponible.

Desde Outlier advirtieron, sin embargo, sobre la creciente complejidad del esquema. “La complejidad del esquema tiene un costo directo: la opacidad genera confusión entre los propios operadores del mercado, que no logran distinguir si el objetivo es restringir la liquidez, empinar la curva de pesos, defender el tipo de cambio o las tres cosas simultáneamente”, señaló la consultora.

El BCRA desaceleró las compras de dólares

Otro indicador de este delicado equilibrio aparece en las reservas. El Banco Central redujo significativamente su ritmo de compras de divisas durante agosto. Luego de adquirir un promedio cercano a u$s103 millones diarios durante julio, las compras se redujeron a aproximadamente u$s33 millones por jornada en agosto.

La menor participación compradora del BCRA permite reducir una fuente adicional de demanda en el mercado oficial y contribuye a contener la cotización. Sin embargo, también implica desacelerar el ritmo de acumulación de reservas, otro de los objetivos centrales del programa económico.

Detrás de la estrategia también aparece el objetivo de evitar que una aceleración cambiaria vuelva a trasladarse a los precios. La inflación de julio fue del 2,1% y acumuló 19,3% durante los primeros siete meses del año, interrumpiendo una secuencia de tres meses consecutivos de desaceleración.

LCG destacó que “la administración del tipo de cambio es una de las herramientas fundamentales del Gobierno para apoyar el proceso de desinflación”.

La consultora planteó que, si la inflación vuelve a mostrar resistencia a la baja, el Gobierno podría profundizar el papel del ancla cambiaria, aunque con el riesgo de relegar otros objetivos vinculados con la recuperación de la actividad.

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