El Departamento del Tesoro de EEUU anunció este miércoles que duplicaría el volumen de las operaciones de recompra de los bonos del Tesoro ("Treasuries", en inglés) en sus tramos más largos. El mercado interpretó esa decisión como una señal de que la Casa Blanca quiere reducir los costes de endeudamiento después de que los rendimientos alcanzaran máximos de varias décadas.
El organismo que dirige Scott Bessent explicó que la iniciativa busca proporcionar liquidez para los títulos con cupón nominal a más largo plazo, pasando de u$s2.000 millones a al menos u$s4.000 millones por operación de recompra. El cambio, que se aplicará a los sectores de 10 a 20 años y de 20 a 30 años, estará vigente desde el 9 de septiembre hasta el 4 de noviembre, indicó en un comunicado el Tesoro norteamericano.
"Este aumento en el tamaño de las operaciones de recompra refleja el deseo del Tesoro de brindar mayor apoyo de liquidez en sectores nominales a largo plazo donde existe un respaldo sólido y constante por parte de los participantes del mercado, como lo demuestra el volumen significativo de ofertas de alta calidad que el Tesoro recibe habitualmente en operaciones de recompra a largo plazo", dijo el Tesoro en su comunicado.
Scott Bessent, secretario del Tesoro de EEUU.
La reacción del mercado
El anuncio tomó por sorpresa a Wall Street, ya que el Tesoro había publicado su calendario de recompra de bonos para este trimestre hace tan solo hace dos semanas. Sin embargo, la novedad fue bien recibida: los rendimientos del bono a más largo plazo cayeron casi 10 puntos básicos, hasta el 5,185%, tras haber alcanzado su nivel más alto desde 2007.
Este incremento en los rendimientos que se observó durante los últimos días fue producto de varios factores. Por un lado, la preocupación por una inminente escalada en la guerra entre Estados Unidos e Israel e Irán, lo que a su vez repercutiría en la inflación norteamericana — por la volatilidad en los precios del petróleo — y la decisión de la Reserva Federal (Fed) en cuánto a la tasa.
Por el otro, la creciente inquietud por el deterioro de la situación fiscal estadounidense, a medida que el déficit fiscal norteamericano se acerca a los u$s40 billones, número que equivale a aproximadamente 6% del PBI.
A eso también se le agrega la competencia que mantiene el gobierno estadounidense con las grandes empresas tecnológicas — conocidos como hiperescaladoras — a la hora de conseguir financiamiento, ya que ellas también emiten grandes volúmenes de deuda para financiar sus enormes inversiones en inteligencia artificial.