Los robots humanoides dejaron de ser solamente una curiosidad tecnológica. En pocos años pasaron de protagonizar demostraciones todavía torpes, en las que apenas comenzaban a mostrar cómo podían desplazarse, trabajar en una fábrica o realizar tareas cotidianas, a convertirse en una de las principales apuestas de largo plazo de algunas de las compañías tecnológicas más importantes del mundo.
La revolución de los robots humanoides: cuándo llegarán a los hogares y dónde ven oportunidades los inversores
El avance de la robótica acelera una industria que todavía enfrenta desafíos de escala, costos, autonomía y seguridad antes de alcanzar una adopción masiva. Mientras tanto, los últimos balances muestran que el negocio más concreto comienza a aparecer entre las compañías proveedoras.
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Los robots humanoides aceleran su desarrollo, pero las mayores oportunidades de inversión todavía aparecen en los componentes que hacen posible su crecimiento.
El avance fue acelerado. Estas máquinas ya pueden caminar, mantener el equilibrio y realizar tareas cada vez más complejas, mientras la reducción de los costos de fabricación y el envejecimiento de la población comienzan a darle fundamentos económicos a una industria que hasta hace poco parecía reservada a la ciencia ficción.
Sin embargo, el desarrollo tecnológico está avanzando mucho más rápido que su adopción. Todavía persisten importantes limitaciones en software, autonomía, seguridad y capacidad de manipulación que hacen prever que su llegada masiva a los hogares será mucho más lenta que la de tecnologías como el smartphone.
Esa diferencia entre el potencial de los humanoides y el tiempo que todavía necesitan para convertirse en un producto de consumo masivo también resulta clave para analizar las oportunidades que empieza a generar el sector.
Los humanoides pueden llegar a los hogares, pero no al ritmo de los smartphones
La incorporación de robots humanoides a la vida cotidiana aparece como uno de los grandes horizontes de la industria tecnológica, aunque su adopción podría ser mucho más lenta de lo que anticipa el entusiasmo actual.
Para Sergio González, Líder de la Oficina de Inversión de Cohen, el hecho de que los robots con un aspecto humano, convivan con nosotros, no es un punto en discusión. La adopción de esta tecnología que hasta hace unos pocos años parecía ciencia ficción, se volvió en solo una cuestión de tiempo para que forma para de nuestra vida diaria.
Sin embargo, considera que el punto de comparación más razonable para entender cuan rápida será la adopción, no se asemeja a una tecnología como, por ejemplo, el smartphone, que tuvo una crecimiento de adopción vertiginoso y que al día de hoy se volvió una parte indispensable de nuestra forma de vivir en sociedad.
Sino, que este nuevo producto se asemeja a otros que necesitaron décadas para alcanzar una presencia significativa en los hogares.
De acuerdo con el analista, el caso de la aspiradora robótica sirve para dimensionar esa dificultad. A pesar de costar menos de u$s500, realizar una sola tarea y prácticamente no representar un riesgo físico para el usuario, después de 23 años apenas llegó a entre 14% y 17% de los hogares estadounidenses.
Incluso iRobot, la compañía que creó ese mercado, terminó en quiebra en diciembre pasado. En paralelo, el automóvil tardó unos 17 años en alcanzar a la mitad de los hogares.
Por eso, González considera que un humanoide, mucho más caro, complejo y riesgoso, difícilmente pueda tener una curva de adopción más rápida. De esta forma, entiende que los robots formaran parte de la vida diaria, “pero no a velocidad de smartphone”.
Bajo sus supuestos, con un precio inferior a u$s20.000, ocho horas de autonomía y una norma específica de seguridad, la escalada comercial podría comenzar entre 2028 y 2030 en logística e industria liviana y extenderse a empresas de servicios entre 2030 y 2035.
En los hogares, en cambio, una penetración de dos dígitos bajos recién aparecería hacia fines de la década de 2030, mientras que superar la mitad de los hogares no sería posible antes de 2050 y tampoco está garantizado.
Así, todavía es difícil imaginar para muchos, aun en un mundo donde la inteligencia artificial y los automóviles que se conducen solos se vuelven parte de la nueva normalidad, que llegue un punto en el que tener una réplica de aspecto similar al de uno, y mucho más inteligente, pueda convivir en un hogar.
Sin embargo, en este proceso, el denominado efecto del “valle inquietante”, es decir, la sensación de rechazo que generan máquinas con una apariencia demasiado similar a la humana, no sería el principal obstáculo.
Según González, la evidencia disponible explica apenas una parte reducida del fenómeno y la propia industria comenzó a evitarlo mediante el diseño. El NEO, un robot humanoide doméstico desarrollado por la estadounidense 1X , por ejemplo, se ofrece cubierto por tejido y sin rostro.
En cambio, las restricciones que realmente pueden determinar la velocidad de adopción son la autonomía de las baterías, la destreza de las manos y la responsabilidad civil frente a posibles accidentes.
Demografía y costos empujan la tendencia, pero la tecnología todavía no acompaña al mismo ritmo
Detrás del desarrollo de los humanoides existen tres grandes motores, aunque no todos tienen el mismo grado de previsibilidad. El más sólido es el demográfico, ya que el envejecimiento poblacional y la reducción de la fuerza laboral generan una necesidad estructural de sustituir tareas humanas.
La OCDE proyecta una caída del 8% en la población en edad de trabajar hacia 2060, mientras Japón podría enfrentar una falta de 570.000 trabajadores dedicados al cuidado para 2040. Para González, ese fenómeno constituye “el ancla de toda la tesis”, porque continuará independientemente de los avances tecnológicos o del ciclo financiero.
El segundo motor es la reducción de costos. Unitree Robotics, uno de los principales fabricantes chinos de robots humanoides, pasó de vender su producto por alrededor de u$s85.000 en 2023 a u$s25.000 en 2025.
A su vez, Goldman Sachs observó una caída del costo de fabricación del 40% en apenas un año, frente al 15%-20% que esperaba inicialmente, y a partir de esa aceleración multiplicó por seis su estimación del mercado hacia 2035.
Sin embargo, el tercer motor, el desarrollo del software, es también uno de los principales cuellos de botella para los humanoides. Aunque los avances mecánicos ya permiten que estas máquinas caminen y mantengan el equilibrio, todavía resulta mucho más difícil lograr que puedan usar sus manos para manipular distintos objetos y adaptarse a situaciones que no fueron previamente programadas.
Una muestra de esa dificultad aparece en Physical Intelligence, una compañía especializada en desarrollar modelos de inteligencia artificial para que los robots aprendan a realizar diferentes tareas físicas.
Sus sistemas alcanzan una tasa de éxito de apenas 52% en su propio banco de pruebas, lo que muestra que todavía están lejos de ejecutar estas acciones de manera consistente.
A esto se suman límites físicos y regulatorios. Una batería de alrededor de 2 kWh permite aproximadamente dos horas de trabajo, por lo que actualmente serían necesarios tres o cuatro robots para cubrir de forma continua un mismo puesto.
La cadena de suministro también agrega otra vulnerabilidad. China controla cerca del 90% del procesamiento de imanes de neodimio, un insumo indispensable para los actuadores. De esta forma, mientras Occidente busca desarrollar su propia industria robótica, una parte crítica de los componentes continúa dependiendo de proveedores chinos.
Los balances muestran que hoy el valor está más claro en los componentes
Más allá del potencial de los humanoides, la tesis de inversión todavía enfrenta un elevado nivel de incertidumbre. Figure AI, por ejemplo, alcanzó una valuación de u$s39.000 millones sin revelar ingresos, mientras las estimaciones sobre el tamaño del mercado para 2035 oscilan entre u$s15.000 millones y u$s38.000 millones.
Para Sergio González, esta dispersión obliga a separar el crecimiento esperado de la industria del valor que hoy pueden justificar las compañías, ya que “el inversor tiene que saber que compra una distribución de resultados muy ancha”.
En ese contexto, los balances del segundo trimestre muestran que, por ahora, el negocio aparece con mayor claridad entre los proveedores de componentes que en los fabricantes de robots terminados. Sony fue la empresa que más reforzó esta tesis, con un crecimiento del 26% en sensores de imagen, un resultado operativo récord y una inversión conjunta con TSMC de unos u$s6.300 millones para producir sensores destinados, entre otras aplicaciones, a la “IA física”.
Samsung también gana exposición desde los semiconductores, impulsada por la memoria y HBM4, y recibió un pedido para fabricar el chip AI5 de Tesla, vinculado con Optimus. Sin embargo, Ballie, su robot doméstico, mostró pocos avances. Además, González advirtió que el encarecimiento de la memoria podría presionar los márgenes de futuros humanoides durante 2027.
Tesla en este contexto, representa la apuesta más directa. La compañía desmontó la línea del Model S/X en Fremont para instalar allí la primera línea de producción de Optimus, aunque inicialmente será para uso interno y Elon Musk lo definió como “el producto más difícil de escalar en la historia de Tesla”. Toyota y Honda, otras empresas que vale la pena tener en vista de cara al futuro, en cambio, aportaron pocas novedades.
Así, González ubicó a Sony como la empresa que más reforzó la tesis durante el trimestre, seguida por Samsung y Tesla.
La regulación de EEUU refuerza la apuesta por los componentes
La lectura que dejaron los balances también encuentra un respaldo en el nuevo escenario regulatorio. El 28 de julio, Estados Unidos incorporó a los robots móviles producidos en el exterior a la Covered List de la FCC, lo que impide que los nuevos modelos obtengan la autorización necesaria para ser importados y vendidos en el país.
Según explicó González, la medida no constituye un arancel ni está dirigida exclusivamente contra China. El criterio utilizado exige un 65% de contenido doméstico y tampoco contempla las excepciones que suelen alcanzar a países aliados. De esta manera, un robot producido en Japón o Alemania puede quedar excluido del mercado estadounidense de la misma forma que uno chino.
Sin embargo, la restricción no alcanza a los componentes vendidos por separado. Esto vuelve a favorecer la posición de compañías como Sony y Samsung, que pueden abastecer de sensores, memoria y semiconductores a fabricantes obligados a ensamblar sus robots dentro de Estados Unidos.
Para González, se trata de una estrategia similar a vender “picos y palas”: ganar exposición al crecimiento de la industria sin depender de qué compañía termine desarrollando el humanoide dominante.
Así, tanto los últimos balances como el nuevo marco regulatorio apuntan en una misma dirección. Mientras los fabricantes todavía deben resolver problemas de autonomía, software, costos y escala, los proveedores de componentes ya comienzan a capturar parte del crecimiento de la industria.
Por eso, aunque la robótica humanoide mantiene un fuerte potencial de largo plazo, la tesis de inversión aparece hoy más consolidada en la infraestructura necesaria para desarrollarla que en el robot terminado.
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