En la COP27, que tuvo lugar en Egipto hace pocos días, los expertos sobre cambio climático han vuelto a alertar sobre el calentamiento global y plantearon su preocupación por los pocos avances logrados durante el último año para descarbonizar el planeta. Pero honestamente, y si bien compartimos la preocupación, el punto es que la sociedad todavía necesita calefacción para los hogares, combustible para los automóviles y energía para la industria, por lo que antes de caer en el alarmismo, vale la pena examinar cómo nosotros, desde la perspectiva latinoamericana y argentina, debemos ver este panorama. La realidad es que en este mar de inestabilidades -que muy probablemente será una constante por los próximos años- tenemos por delante enormes oportunidades como región y como país.
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El Friendshoring
La guerra está impactando globalmente en la forma y el ritmo de la transición energética. Estamos viendo actualmente desbalances en el trilema energético, que debería encontrar un equilibrio para que el suministro sea finalmente seguro, asequible y sostenible. Sabemos que hoy, la seguridad estará en el foco, por lo que los países afectados priorizarán disponer de múltiples proveedores, rutas de provisión y tipos de fuentes. Ello abre para Latinoamérica, y específicamente para la Argentina, una ventana de oportunidad doble: por un lado, para consolidarnos como proveedores confiables de gas en el corto plazo, y por el otro para ir posicionándonos como futuros proveedores de energía limpia, desarrollando a mediano plazo una economía del hidrógeno que nos permita exportar a todo el mundo.
La estrategia
La tecnología no es un aspecto crítico ni mucho menos una barrera hoy en día para avanzar en esta dirección, pero en el mundo energético las inversiones son intensivas en capital y se realizan en marcos de tiempo extensos. Por ello el contexto político, económico y regulatorio debe ser favorable, y especialmente estable en el largo plazo. Nuestro país debe trabajar en una política y regulatoriamente con foco en el establecimiento de objetivos y estrategias de largo plazo sostenibles, generando las condiciones adecuadas para atraer inversiones y desarrollar nuevos proyectos.
Por otro lado, y si bien los potenciales beneficios económicos para nuestro país son evidentes, igualmente importante es asegurar que ese beneficio llegue e impacte positivamente en la sociedad en su conjunto, especialmente en las regiones de donde proviene esa energía. Aquí es necesario trabajar estratégicamente para desarrollar las cadenas de valor y asegurar la formación y reskilling de la fuerza de trabajo local, a través de una articulación conjunta con actores claves del ecosistema de formación, institutos de educación técnica, universidades y centros de investigación, entre otros.
Las alianzas
Estamos de acuerdo en que es necesario abastecer la creciente demanda de energía global con soluciones que generen menos emisiones. También está claro que cada país tiene una posición de arranque diferente, y que los países industrializados están en condiciones más favorables para emprender este viaje que las naciones en desarrollo. Debemos por lo tanto generar consciencia en cuanto a que la viabilidad financiera de esta transición necesitará contribuciones de los países más ricos. Y en línea con ello, las alianzas en materia energética serán cada vez más importantes: algunos países pueden aportar know-how tecnológico, financiación y experiencia en base al camino ya recorrido hacia Net-Zero, al tiempo que otros países contamos con condiciones naturales excepcionales para ser proveedores confiables de energía. Así es que deberán conformarse alianzas win-win a largo plazo que catalicen el proceso de transición energética en beneficio de ambas partes, y en definitiva del planeta.
La oportunidad
En América latina, y en particular en Argentina, nos encontramos frente a una ventana de oportunidad única para expandir nuestro rol en el mercado internacional y posicionarnos como grandes exportadores de energía y partners confiables, pero es necesario generar sentido de urgencia.
Trabajemos proactiva y colaborativamente entre los sectores público y privado, productivos y académicos, regiones y países, para concertar y articular los mecanismos que permitan que esta visión estratégica se haga realidad. Son tiempos de cambio y de grandes oportunidades, que sería imperdonable desaprovechar.
(*) Presidente de la Cámara de Industria y Comercio Argentino/Alemana
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