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8 de octubre 2008 - 00:00

Celebra la comunidad judía el Día del Perdón

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Con la salida de la primera estrella comenzará esta tarde el Iom Kippur o Iom HaKippurim (el Día de la Expiación, mal llamado Día del Perdón), la más sagrada de las fechas del calendario hebreo. Se trata del único día del año en que casi todos los judíos del mundo, laicos y religiosos por igual, concurren a la sinagoga, sobre todo al servicio matutino de Izcor. En esa plegaria se recuerda a los muertos queridos (padres, madres, hijos, hermanos), pero también a las víctimas de la Shoá y las de la Guerra de Iom Kippur de 1973.

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Según la tradición, los judíos observan tres rezos diarios todo el año, y cuatro en algunas fechas; en Iom Kippur es la única ocasión en que son cinco: a los habituales tres (Shajarit, Minjá y Arvit) se le agregan el Musaf ( complementario) y el de Neilá, el último del día y con el que culmina el ayuno de casi 26 horas. En el momento de Neilá -literalmente «cierre»-, según las Sagradas Escrituras, se cierran las puertas del Cielo hasta el año siguiente, puertas que permanecieron abiertas desde Rosh HaShaná -Año Nuevo-diez días antes. Ese período se denomina Iamim Noraim («los días terribles»), en el cual Dios repasa una por una todas las almas y decide quién vivirá y quién morirá el año siguiente. El dictamen de ese Supremo Tribunal es inapelable, pero sus efectos pueden ser morigerados por tres acciones: Tefilá (oración), Teshuvá (arrepentimiento)y Tzedaká (el ejercicio de la caridad).Como es un día de introspección, no sólo no está permitido comer: tampoco ingerir bebidas, usar calzado de cuero (por ostentoso) o incluso higienizarse. Como casi todas las tradiciones, el tiempo hizo más laxo el cumplimiento de varias de estas normas, pero hasta muchos laicos observan el ayuno.

En este día cada judío debe hacer balance de lo que hizo bien, lo que hizo mal y pedir perdón por los pecados que cometió como miembro de su comunidad.

La ceremonia es profundamente triste y reflexiva, pero culmina con gran alegría, el toque del shofar (cuerno de macho cabrío) y el intercambio de golosinas, alimentos y bebidas justamente para romper el ayuno en la propia sinagoga.

El toque del shofar recuerda cuando Moisés hizo lo propio tras bajar del Monte Sinaí, como signo de que Dios había perdonado al pueblo de Israel por haber adorado el becerro de oro. Y dado que el fin último de este día de expiación es ser inscripto en el Libro de la Vida para el año que comienza, el deseo que intercambian los judíos es «Gmar Jatimá Tová» («Que seas bien inscripto»). Gmar Jatimá Tová, entonces, para todos nuestros lectores de fe judía.

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