Tiroteo en Santa Fe: la pista de la comunidad digital que glorifica los ataques adolescentes

Un informe advierte sobre comunidades online que enaltecen asesinatos masivos y pueden influir en nuevos ataques. El fenómeno crece entre adolescentes.

Detectan circulación de contenido violento que transforma crímenes en material de culto

Detectan circulación de contenido violento que transforma crímenes en material de culto

Luego del tiroteo en una escuela de Santa Fe, que terminó con la muerte de un adolescente de 13 años, un informe reveló que detrás de muchos ataques de este tipo existen grupos en redes sociales alternativas, que realizan cultos a este tipo de actos. Allí, no solo se analizan, sino que también glorifican y como podría ser en este caso, se llevan a cabo.

El fenómeno gira en torno a una subcultura compuesta por usuarios que investigan casos reales, consumen contenido vinculado a asesinatos y, en algunos casos, desarrollan una admiración por los autores de las masacres. Esta lógica, lejos de quedar en lo teórico, puede escalar hacia conductas más extremas, radicalizarse.

Aunque muchas veces se lo vincula a un interés cultural o audiovisual, el informe advierte que existen comunidades digitales que van un paso más allá: convierten a los atacantes en figuras de referencia, replicando su historia, estética y motivaciones.

Culto a masacres públicas

El análisis señala que la circulación de material audiovisual cumple un rol clave. Videos, documentales, compilaciones y recreaciones de ataques terminan por construir una narrativa que vuelve estos hechos más “atractivos” para ciertos usuarios. Según Noticias Argentinas, en Argentina ya se detectaron al menos siete casos con patrones similares.

Este contenido, inicialmente circula en plataformas abiertas, suele migrar luego a espacios con menor regulación, como grupos privados o servicios de mensajería, como Telegram. Allí, las conversaciones escalan en intensidad y se comparte material más explícito, sin filtros.

El informe aclara que no todo consumo de este tipo de contenido deriva en violencia. Sin embargo, describe un proceso de radicalización en etapas. En una tercera instancia, aparecen subgrupos donde se legitiman los ataques y se incentiva a otros a llevarlos adelante, incluso mediante presión directa.

Finalmente, existe un nivel más reducido pero crítico: individuos que avanzan en la planificación concreta de atentados, redactan manifiestos y buscan dejar una marca dentro de estas comunidades.

El perfil predominante en estos espacios corresponde a jóvenes de entre 13 y 20 años. En muchos casos, presentan antecedentes de aislamiento, situaciones de violencia o dificultades para integrarse socialmente.

Entre los rasgos más comunes aparecen la misantropía, problemas de salud mental como depresión o baja autoestima, y experiencias de bullying o conflictos familiares. A esto se suma, en algunos casos, la vinculación con comunidades extremistas y la circulación de contenido violento que refuerza estas conductas.

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