La mayor parte de las personas podrían describir rápidamente los efectos agudos del alcohol: falta de coordinación; desinhibición (perder el miedo o la timidez) y la impulsividad. Pero hay algo que es más puntual: muy pocas personas podrían hablar de las consecuencias crónicas, que responden al mismo efecto neurotóxico del alcohol sobre el cerebro.
Cerebro: ¿cómo afecta el consumo de alcohol?
A lo largo de la vida, consumir bebidas alcohólicas puede traer graves repercusiones al sistema nervioso central. Enterate más al respecto.
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Cerebro.
Los estudios neuropsicológicos y de neuroimagen muestran que hay tres redes neurales especialmente vulnerables: la red frontocerebelar (que controla la marcha y el equilibrio); la frontolímbica (implicada en la memoria, la motivación y la autoconciencia) y, finalmente, frontoestriada (responsable de la regulación emocional, la inhibición, la flexibilidad cognitiva y el manejo de recompensas).
Pero ¿cómo sabemos si un bebedor sufre daño cerebral? Las personas de su entorno notarán que es más lento, que se distrae fácilmente, es más rígido, tiene mala memoria, toma decisiones sin valorar los riesgos, le cuesta regular sus emociones e interpreta peor las de los demás. Y todo eso afecta a su vida familiar, laboral y social.
Cerebro: ¿cómo afecta el consumo de alcohol?
Éstas son las tres complicaciones a largo plazo que el consumo de alcohol puede traer a nuestro cerebro.
Mentiras "honestas": el síndrome de Korsakoff
Así les ocurre a los pacientes con síndrome de Korsakoff. Este trastorno residual y, en gran medida, irreversible aparece en uno de cada dos casos de encefalopatía de Wernicke, una patología provocada por una deficiencia grave de vitamina B1 o tiamina y que es más frecuente entre personas malnutridas que abusan del alcohol.
El daño afecta a una región del cerebro llamada diencéfalo, particularmente a los cuerpos mamilares y los núcleos talámicos. El deterioro se manifiesta sobre todo en la memoria: los pacientes sufren un síndrome amnésico que se acompaña, de manera especial en fases tempranas, de confabulaciones. Es decir, el afectado posee falsos recuerdos y está convencido de que son reales. Denominadas “mentiras honestas”, surgen por un déficit en el acceso a la memoria.
Consumo por atracón
El consumo excesivo de alcohol en etapas como la adolescencia, puede traer dificultades afines a cambios estructurales y funcionales a nivel cerebral. Los estudios de neuroimagen muestran anomalías neurofuncionales, como la activación excesiva de las redes neurales cuando se debe inhibir una respuesta ante una bebida alcohólica. También se han observado diferencias de volumen en la sustancia blanca y gris en distintas regiones relacionadas con el control de los impulsos.
Es necesario tener en cuenta que la adolescencia es un período de vulnerabilidad cerebral durante el que tienen lugar importantes cambios en la estructura y conectividad funcional de las redes neurales.
Síndrome alcohólico fetal
Pero el daño cerebral asociado a la ingesta de alcohol puede empezar mucho antes de la adolescencia: incluso antes del nacimiento. Consumirlo durante la gestación es la causa de los trastornos del espectro del síndrome alcohólico fetal, una alteración del neurodesarrollo completamente evitable.






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