24 de marzo 2021 - 00:00

City porteña desolada, sucia e insegura

Sin oficinistas, sin turistas, el microcentro porteño se convirtió en tierra de nadie. Tampoco hay presencia policial. El lugar parece una ciudad fantasma.

Centro

Si hay un barrio porteño que sufrió un cambio drástico desde el inicio de la pandemia, es el microcentro. Con la obligada modalidad del home office, que vació de un día para el otro miles de oficinas, y la desaparición de los turistas, la vida de lugar entró en un impasse que no tiene fecha de finalización. La primera consecuencia de una cuarentena extendida en el tiempo fue el cierre de comercios. Al principio, obligados por las restricciones sanitarias. Sólo los “esenciales” mantuvieron las puertas abiertas, pero, sin clientes, estaban condenados a extinguirse. Más tarde, cuando los meses trajeron cierta flexibilización en la circulación y se comenzaron a permitir aperturas de otros rubros comerciales, la realidad mostró que una gran cantidad de locales habían cerrado para siempre.

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Esa imagen de desolación impresiona cuando se contrasta con el recuerdo de aquellas calles otrora transitadas. Al impacto económico que provocó el coronavirus se suma ahora una señal preocupante: la inseguridad. Si bien toda la zona se ha convertido en tierra de nadie, la avenida Leandro N. Alem parece ser el epicentro de casos de delincuencia. Aunque las empresas siguen manteniendo a su personal bajo el régimen de teletrabajo, algunos empleados están concurriendo a sus oficinas ocasionalmente y se convierten en víctima fáciles de robos “exprés”. El corredor del bajo solía recibir una multitud de oficinistas que, al caer la tarde, hacían largas colas en paradas de colectivos y pugnaban por un taxi libre. Nada de eso sucede. “La zona es muy peligrosa ahora. Podés estar solo en una cuadra a la espera de un colectivo. Como no hay gente, tampoco pasan taxis y los comercios están cerrados. Hubo varios casos de gente que fue asaltada por grupo de dos o tres personas, en general jóvenes, que se llevan lo que consiguen y salen corriendo”, comentó a Ámbito, Miguel, que trabaja en una oficina en Catalinas norte . Tal vez ante un lugar con poco movimiento, también se relajó la presencia policial, destinada a zonas más demandantes como Puerto Madero. Lo cierto es que los pocos trabajadores que circulan por la zona deben padecer la realidad de una City desolada, sucia e insegura.

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