Después de todo, no es cuestión de tener el vestidor repleto y no volver a usar nunca aquella prenda que con tanto gusto se lució. O esos aros que recibieron algún halago o los zapatos que evitaron por una vez eludir las ampollas que suelen provocar los calzados de estreno. Nadie quiere pensar que Cristina se peleó con su diseñadora o que la costurera no llegó a tiempo y por eso el álbum fotográfico la retratará con modelos repetidos, al menos esta semana. Será seguramente un gesto. Tal vez piense que hablar tanto de «redistribución de la riqueza» la merece menos esplendorosa.
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Tampoco exageró, claro, porque también hubo nuevos modelos en estos días, pero se mostró varias veces con las mismas vestimentas que ya había llevado en otras oportunidades y con las mismas joyas, los mismos aros brillantes y la gargantilla de amplio grosor de oro amarillo, tres días seguidos, siempre muy acicalada y con infaltables uñas esculpidas.
Quien sabe se trate del anuncio de una nueva etapa en el placard presidencial, porque en definitiva ella puede darse esos permisos, como lucir atuendos más propios para las veladas nocturnas en tarimas de pleno día u ostentar alhajas en escenarios inadecuados.
Inteligencia
«Lo incorrecto es que no repita su indumentaria. Nadie quiere ver de ella un desfile de moda. La inteligencia también debe aplicarse a la administración del guardarropa, en saber maximizar cada prenda», opinó Florencia Ducos, dueña de la empresa de asesoría de imagen Grupo Imagen.
Interesa la opinión de la experta, que explicó a este diario que el discurso debe ser acorde con la imagen que la persona muestra. Con respecto a la gargantilla, comodín de Cristina esta semana, Ducos aseguró que «es correcto que una dama opte por repetir una joya que le guste, pero en el caso de la Presidente, debería optar por una pieza más simple, no tan ostentosa como la gran gargantilla de oro macizo que usó en la semana. No necesita llamar la atención con brillantes texturas ni accesorios, sino con el mensaje que da en sus discursos. Esas joyas son más apropiadas para vestimenta de noche, como para complementar un vestido de cóctel». Lo mismo ocurre, según la especialista, con el make up. «La paleta elegida es adecuada, pero demasiado recargada de rimmel. Si suavizara el maquillaje, se lucirían aún más sus rasgos que por naturaleza son bellos», dice Ducos.
El lunes, usó la misma ropa que hace dos meses, el traje color lavanda bordado con lunares rosados, de saco mangas tres cuartos, cuello amplio de solapa redonda y botones rectangulares engamados. Imposible olvidar ese estampado. Ocurre que el print a lunares o polkadots -como los llaman en el mundo de la moda-es un símbolo del siglo XIX en Europa y los Estados Unidos, que Chanel recuperó en la década del 30 y forman parte de la propuesta de los diseñadores europeos esta temporada, impulsado principalmente por Givenchy. «Este conjunto es ideal, el más correcto de esta semana. Moderno, sobrio y en la gama de colores que más le favorece, que es la de tonalidades frías», dijo Ducos, quien además insistió en que «la Presidente debería optar por modelos como éstos, más discretos, que no le quitan atención cuando sale a escena, cuando lo que importa es su discurso, su oratoria y es con eso con que debe captar la atención».
El martes, falda plisada, chaqueta y zapatos estiletos en azul eléctrico. «Un conjunto poco apropiado para el día. Además, la gargantilla le terminaba por dar un aspecto muy cargado. Ya de por sí la tela del traje era llamativa, por lo que hubiera sido mejor no llevar ninguna joya al cuello», aseguró la especialista en imagen. La novedad fue el peinado más voluminoso que de costumbre, que el casco batido, que le daba un aspecto savage a su look, ese día.
El miércoles, volvió al brushing y también rescató las prendas que usó el 11 de marzo. Un tailleur en bouclee en la paleta de los azules, con deflecado en las mangas y bolsillos del saco que casi parecían plumas, y la misma camisa de algodón floreada y los zapatos rosados. La única diferencia fue en la bijou: en aquella oportunidad complementó el conjunto con un collar de perlas, esta vez mantuvo la misma gargantilla, comodín de la semana.
«Están mal combinadas las texturas. Para complementar el bouclee de la chaqueta tendría que haber elegido una blusa lisa», dijo la diseñadora, quien rescató en cambio el peinado. «La cara despejada, sin el flequillo, la favorece. Y también fue acertada la elección del peinado lacio.
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