El 33,5% presenta una vulnerabilidad alta, 55,3% vulnerabilidad media y el 11,2% una vulnerabilidad baja, siendo en su mayoría varones (58,1). Asimismo, dos de cada tres (60,2) tiene entre 18 y 24 años y casi la mitad (46,2%) habita en hogares de 5 o más integrantes, con un bajo porcentaje (2,9%) de hogares monoparentales.
El nivel educativo aparece como el principal factor de estratificación. Según rescatan los investigadores, un mayor nivel de educación permite disminuir "de forma drástica" la vulnerabilidad alta. Además, permite ampliar "las oportunidades relativas de inserción laboral formal, cobertura de salud y proyección de movilidad social".
En contraste, los niveles educativos más bajos concentra los grupos más elevados de informalidad, de subempleo, de hacinamiento y también "reflejan mayores dificultades para sostener ingresos suficientes".
Trabajo
Uno de los puntos más preocupantes del informe es la consolidación del segmento denominado "NI-NI". Dos de cada diez jóvenes vulnerables en Argentina no trabajan ni estudian. Pero la investigación halló un componente aún más grave dentro de este grupo: un tercio de los que están sin trabajo, dejó de buscar. “Esta "desconexión" refleja una ruptura de las expectativas de progreso, donde el mercado laboral ya no es percibido como un espacio de inclusión accesible”, explicó Juan Cruz Esquivel, director de la investigación de la UBA.
El estudio revela también que casi siete de cada diez jóvenes vulnerables (69,4%) se encuentran trabajando, aunque persiste un margen importante de inactividad laboral (30,6%). "En otras palabras, la participación en el mercado de trabajo se combina con situaciones de inactividad y desempleo, reflejando trayectorias laborales inestables", indican. Allí, la tasa de desocupación de las mujeres duplica a la de los hombres (41% vs 23,2%), un dato que refleja la desigualdad laboral de género.
Entre los jóvenes que manifiestan no tener trabajo (30,6%), la búsqueda reciente de empleo alcanza solo a cuatro de cada diez, evidenciando procesos de desánimo profundamente arraigados y la magnitud de la crisis social juvenil en Argentina. Así y todo, quienes logran insertarse en el mercado laboral no acceden a las mejores condiciones: los empleos suelen ser de baja calificación y altísima informalidad, principalmente en sectores como comercio, construcción y tareas de cuidado.
Más de la mitad de quienes detentan Niveles de Vulnerabilidad Social (NVS) media y alta tienen trabajos no registrados. "Si los sumamos a quienes trabajan por su cuenta, los porcentajes rondan el 90%. Dicho de otro modo, apenas el 7,2% de los jóvenes con NVS media y el 0,5% de los jóvenes con NVS alta cuentan con un trabajo registrado", remarcan
Para Felipe Vega Terra, Director del Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires y codirector de la investigación de este trabajo, más allá de la formalidad o la informalidad laboral en la que se encuentran circunscritos en su gran mayoría los jóvenes vulnerables, "la realidad material muestra que para el 57% los ingresos del hogar no alcanzan para llegar a fin de mes”. El porcentaje asciende al 70% entre aquellos que se encuentran en NVS alta.
Salud mental
Esto se transforma en un círculo vicioso del cual es cada vez más difícil salir y al que se le van a añadiendo problemáticas: el 78% de este segmento carece de obra social o prepaga y dependen de manera exclusiva del sistema público de salud para realizarse cualquier tipo de atención médica, un servicio que se encuentra cada vez más tensionado por la caída en la inversión pública y por el aluvión de personas que, producto de la pérdida del empleo, han dejado de tener una cobertura y deben atenderse en los hospitales públicos.
A la falta de ingresos necesarios para sobrevivir se le suma el malestar psicológico, una experiencia que en el informe ya califican como "cotidiana". Ocurre que más del 70% de los jóvenes encuestados por la UBA manifestó tener "problemas frecuentes de nervios o ansiedad". Asimismo, el 50% admitió sufrir desgano o "síntomas compatibles con la depresión". Se suma también que un 30% reconoció tener dificultades para controlar el consumo de alcohol, tabaco o sustancia.
"Los signos de malestar psicológico no constituyen experiencias excepcionales", señalan los autores del informe, sino que "forman parte de la vida cotidiana". Así se refuerza "la multidimensionalidad de la vulnerabilidad, involucrando dimensiones materiales y también subjetivas". Del informe se desprende que en NVS media y alta (con mayor concentración en esta última) manifiestan en mayor medida problemas de salud mental (ansiedad, nervios, desgano, depresión).
La vulnerabilidad estructural, sumado a los problemas salariales y el impacto que eso tiene en la salud mental, se presentan como barreras que hace que millones de jóvenes argentinos vivan su cotidianeidad en el marco de un entorno hostil que no ofrece perspectivas de salida rápida a esas condiciones. Sin embargo, el estudio rescata que, pese a todo, la educación sigue siendo considerada por un 85,7% como una herramienta que le permitiría mejorar la calidad de vida.
Milei y la iglesia Evangélica predominan entre los jóvenes vulnerables
El estudio también analiza el consumo de información, la inclinación política y la adscripción religiosa de los encuestados. Del mismo se desprende que el 71,2% se entera de los temas de actualidad del país por las redes sociales (Instagram y Facebook a la vanguardia), desplazando a los medios tradicionales a un segundo plano. Y que apenas el 18% se informa a través de la TV.
Asimismo, la identificación religiosa es cada vez más diversa. Ya no predomina el catolicismo (30,8%) sino que entre los jóvenes vulnerables dominan las iglesias evangélicas como primera minoría (37,6%), aunque destacan que hay un continuo crecimiento de aquellos que no tienen filiación religiosa (29,5%). En el AMBA, los sin filiación religiosa encabezan el ranking (38,3%), seguidos por los evangélicos (33,1%) y los católicos (23,9%).
En cuanto al voto, La Libertad Avanza le saca amplia ventaja al peronismo. El 38% de los encuestados dijo haberse inclinado por Javier Milei en la elección presidencial de 2023, mientras que el 25% lo hizo por Sergio Massa. Otro 25% dijo no haber concurrido a sufragar.
"El acompañamiento electoral a Javier Milei se manifestó en mayor medida en los niveles educativos más altos, mientras que entre quienes tienen menor escolaridad formal, se registraron mayores niveles de abstención y de votantes de Sergio Massa", informan.
Proyección a futuro
Entre los principales objetivos para los próximos cinco años de los jóvenes que viven en condiciones de vulnerabilidad aparece "conseguir un trabajo o acceder a uno mejor del que ya tienen" (31,9%) y el sueño de la "casa propia" (29,8%). Formar una familia aparece como una opción relegada (4,8%), situación que se refleja en que más de la mitad (56,3%) no tiene hijos.
Del informe se desprende que casi siete de cada diez jóvenes vulnerables proyectan residir en otro lugar dentro de 5 años, principalmente en un barrio mejor de la ciudad o, en menor medida, en otra ciudad u otro país. Esa proyección de futuro dentro de la misma ciudad da cuenta de una ponderación de mejora residencial antes que la movilidad territorial.
Las mujeres son quienes expresan mayores expectativas de mejora residencial (44,2% vs 38,9%), mientras que los varones tienden a proyectarse con mayor permanencia en el mismo barrio o ciudad (33,6% vs 28,4%). Asimismo, los hombres priorizan una mejora laboral y el emprendimiento, mientras que las mujeres otorgan mayor centralidad a la educación y al acceso a la vivienda propia.
Entre las principales barreras que dificultan el acceso a tales objetivos, el informe identifica principalmente factores estructurales como el dinero y las oportunidades más que dimensiones individuales o familiares. Esto, según advierten, expresaría "una lectura social más que personal como limitante de las metas proyectadas". "De todos modos, la percepción de oportunidades desiguales convive con representaciones que atribuyen el éxito o el fracaso al esfuerzo personal", agregan los investigadores.
Como conclusión, el informe del CBC de la UBA señala que la vulnerabilidad social "opera como un eje estructurante de desigualdades materiales y subjetivas". Advierten también que dada la complejidad de la situación que afecta a más de 4 millones de jóvenes, se demandan "intervenciones coordinadas e integrales".