La corona original de los reyes de Francia y un vaso con el corazón del hijo de Luis XVI y María Antonieta, ayer en el altar de la Catedral de Saint Denis en París, fueron mostrados durante la ceremonia en que fue enterrado en la cripta junto a los restos de sus padres, después de 209 años de su muerte durante la Revolución Francesa.
Podría parecer una novela histórica, tiene todos los elementos para serlo, pero fue un hecho real. Ayer los monárquicos nostálgicos de Francia se reunieron en la Catedral de Saint Denis en París -donde está la cripta de los reyes franceses- para enterrar el corazón de Luis XVII, el hijo de Luis XVI y María Antonieta. La reliquia deambuló por Europa durante casi 210 años hasta que en 2000 un análisis de ADN demostró que ese corazón perteneció al Delfín de Francia, convertido automáticamente en rey cuando la revolución jacobina decapitó a su padre.
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Luis Carlos, así el nombre del frustrado rey, murió de tuberculosis en la prisión del Temple a los 10 años, después de que su padre y madre habían sido ejecutados. Fue mantenido allí por los revolucionarios ante el miedo de un rebrote monárquico que intentara liberarlo ya que incluso los EE.UU. llegaron a reconocerlo como monarca.A su muerte, después de 3 años de cautiverio, le fue extirpado el corazón por el médico de la prisión que realizó la autopsia y que lo guardó en un vaso con alcohol. El órgano pasó de mano en mano durante dos siglos hasta que retornó a Francia y se mantenía desde hace años en Saint Denis a la espera de una confirmación de su origen.
Ayer, encabezados por Luis Alfonso de Borbón -pretendiente de la inexistente corona de Francia- pero sin la participación de ningún miembro del gobierno, los nobles franceses lo enterraron en una ceremonia casi de Estado junto a Luis XVI y María Antonieta en la cripta real, con una puesta en escena que incluyó hasta el uso de la corona real original, cedida para la ocasión por el Museo del Louvre.
Se terminó así con una larga historia que contó con cientos de supuestos Luis XVII que afirmaban haber escapado de la prisión del Temple y reclamaban ser reconocidos como reyes de Francia, aunque la monarquía ya estaba abolida. Esa historia alimentó el mito en la Argentina sobre el arquitecto-artesano Pierre Benoit, que llegó a BuenosAires en 1818, como heredero de Luis XVI. Su hijo, Pedro Benoit, llegó a ser famoso pero no por la pretensión a la corona francesa sino por haber diseñado las catedrales de Mar del Plata, de La Plata, la Basílica de Luján y los planos de la ciudad de La Plata.
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