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Por plaza Miserere, médicos descompuestos, desmayados también en el piso, eran atendidos por sus colegas. A esa hora ya un total de 28 bomberos habían sufrido lesiones.
A las dos de la mañana se confirmaban los primeros 149 decesos. Los gritos de búsqueda sonaban más desesperados: «¡Pelado!», «¡Lucas!», «¡Ana!», «¡ Matías!», «¡Juan!», intermitentemente.
Sobre Jean Jaurés, se producían reencuentros. Se vio a padres abrazando a sus hijos vivos, más bien sobrevivientes de la peor catástrofe en un boliche de recitales de la historia argentina.
La parte más dura se produjo sobre la calle Anchorena, en inmediaciones de un galpón donde yacían varios cadáveres.
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