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20 de abril 2011 - 16:57

Dos ideas para ganar la guerra contra la basura

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Leyes anticuadas y malas costumbres provocaron el avance de este enemigo silencioso.
Es un nuevo tipo de conflicto que se desarrolla en las ciudades de todo el mundo: la guerra contra los residuos ha colocado a los gobiernos en estado de alerta ante un enemigo silencioso e imparable.

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El "monstruo" de las calles tiene mil caras: botellas plásticas, paquetes multicolores de golosinas, sorbetes de gaseosas, pequeñas latas oxidadas. La materia heterogénea e invasiva a la que llamamos "basura" está catalogada y estudiada. Las estadísticas del CEAMSE revelan que en la Ciudad los desechos de alimentos son el principal componente (40% del total), seguidos por los papeles y los plásticos (alrededor de 20% cada uno).

Las asociaciones de medio ambiente ven con buenos ojos todo intento por impulsar un modelo de gestión de residuos más eficiente, pero se hacen fuertes en una premisa: reducir la generación del material. "Sería bueno que las empresas tengan un sistema de incentivos para lograrlo", propone Lorena Pujó, del grupo ecologista Greenpeace. El otro precepto: "Los productores deben dejar de utilizar materiales no reciclables".

Buenas intenciones, deseos a futuro que necesitan de iniciativas palpables para llevarse a cabo y que muchas quedan en el camino por otros temas que, se presupone, requieren mayor urgencia. Pero si dos nuevas ideas prosperan -una a nivel nacional y la otra en el ámbito metropolitano- 2011 quedará en la agenda como un año de bonanza para las políticas "verdes".


I: El largo camino de la Ley de Envases

La diputada kirchnerista Adela Segarra intenta hace un lustro aprobar una nueva ley para regular la fabricación, descarte y reciclado de los envases industriales a nivel nacional, que supondría atacar directamente uno de los orígenes del problema

En 2009 el proyecto había alcanzado consenso con las fuerzas opositoras, pero fue víctima de la paralización del Congreso y perdió estado parlamentario. Este parece ser el año: hubo varias reuniones con la Secretaría de Medio Ambiente y la idea también parece entusiasmar a las esferas más altas del Gobierno. "Desde el Ejecutivo me llamaron dos veces para impulsarlo", asegura la legisladora.

"También fue acordado con recicladores y algunos sectores de la industria, que están de acuerdo porque plantean que es necesaria una ley nacional, para que no haya superposición de impuestos entre provincias y municipios", sostiene Segarra, quien incluso se muestra "abierta a realizarle modificaciones" si posibilitan su aprobación.

El proyecto propone la creación de un sistema para gestionar los envases y sus residuos financiado con los aportes de los fabricantes, que deberán desembolsar una suma fija por cada envase que pongan en circulación en el mercado. "Por cada envase la industria debe realizar un aporte, aunque quedarían exceptuadas las empresas que ya cuentan con un sistema de reciclado", sostiene Segarra en diálogo con ámbito.com.

Además deberán presentar un programa de recolección, almacenamiento, devolución y reciclaje. Los fondos serán manejados con exclusividad por un ente administrador, que otorgará a las empresas un símbolo "ecológico" que distinguirá a sus envases. La negativa a realizar el aporte obligatorio está contemplada con sanciones que podrían derivar en demandas judiciales.

"El Ente se puede autofinanciar, sin necesidad de recursos del Estado", asegura Segarra. Desde Greenpeace, Lorena Pujó confirma que "hay necesidad de una ley nacional y es valioso que existan estas iniciativas para dar soluciones a problemas ambientales graves, porque es muy mala la gestión de residuos en el país"

A resolver queda un tema esencial: cómo diferenciar a las PyMes de las grandes empresas". Y otro que resulta una incógnita: si las empresas no descargarán el aporte obligatorio sobre el precio del producto. Segarra es optimista: "No creo que repercuta en el precio, porque no les conviene. Es más, a las empresas les conviene pagar el tributo sin elevar los precios por una cuestión de marketing". 

Aunque la legislación está inspirada en las existentes en Europa, no sería mala idea reflejarse en nuestro vecino más avanzado en la materia: Brasil. Según cifras de Naciones Unidas, los niveles de recuperación en ese país -que aprobó una Política Nacional sobre Residuos Sólidos en agosto de 2010- están a la altura o superan a los de los industrializados: alrededor del 95% de las latas de aluminio y 55% de las botellas plásticas se reciclan. La mitad del papel y el vidrio se recuperan y la gestión de residuos y el reciclaje genera u$s 2 mil millones.

La crítica de Greenpeace apunta a que la ley "tendría que reforzar algunas cuestiones, sobre todo en la responsabilidad del productor". La otra exigencia es a los gobiernos "para que brinden la infraestructura necesaria porque es su responsabilidad, al igual que una campaña de comunicación sostenida en el tiempo". Por supuesto, son decisivas las revoluciones en el día a día. Mencionan un ejemplo: "Se utiliza demasiada cantidad de envoltorios innecesarios por marketing. Cuando uno compra un regalo ya viene en un envase, en el negocio lo envuelven en papel, lo ponen dentro de una caja, lo recubren con otro papel y lo entregan en una bolsa con un moño".

Pero si es lógico pensar que una ley de este tipo contribuirá a reducir los volúmenes de residuos, también es cierto que tarde o temprano alguien debe ocuparse de la fase posterior: la recolección. En el ámbito porteño, un nuevo plan promete transformar un sistema obsoleto en otro a la altura de las exigencias actuales de una gran metrópoli.


II: La ciudad de los 40 mil contenedores

La Ciudad es terreno fértil para iniciativas ligadas al tema de los residuos. Las dos terceras partes de los vecinos porteños se mostraban inclinados a participar en programas de reciclado según un relevamiento llevado a cabo en 2009.

Teniendo en cuenta que en 2010 la Ciudad envió a relleno sanitario el récord de dos millones de toneladas, el CEAMSE estimó que podrían reciclarse alrededor de 300 toneladas de residuos por día si se consideran los elementos potencialmente reutilizables.

La "foto" del problema es nítida y hasta se sabe que existe un núcleo de barrios conformado por Palermo, Caballito, Belgrano, Recoleta, Flores, Balvanera y Almagro con la particularidad de ser "Altos Generadores" de material potencialmente reciclable. A nivel ciudad el faro podría ser San Francisco, en Estados Unidos: en sólo una década logró recuperar 70% de los residuos que produce (aunque conviene aclarar que posee alrededor de un millón de habitantes, la tercera parte de Buenos Aires).

Como principio de solución, Ciudad y Provincia planean en conjunto la construcción de una planta -con una inversión de 20 millones por parte de empresas europeas -que reciclará 1.000 toneladas de basura por día. Según afirman, su sistema de tratamiento mecánico biológico podrá recuperar el 60% de los residuos tratados.  

Pero las mayores expectativas las concita el nuevo sistema de recolección de residuos licitado hace días por el Ministerio de Ambiente porteño. Por empezar, Greenpeace le ha abierto el crédito: "Es mejor que el actual, evidencia una intención de cumplir la ley", admiten .

Planea la existencia de 40 mil contenedores en la Ciudad (en la actualidad hay 9 mil que cubren el 25% de su superficie) y dos vías de recolección diferenciadas. Sólo habrá que arrojar en los contenedores los residuos húmedos, que luego serán recogidos por camiones preparados a tal fin. Los residuos secos serán retirados de cada domicilio por cooperativas de "cartoneros".

En el Gobierno porteño afirman que el nuevo sistema "empezará a cambiar la historia de la Ciudad". El ministro de Medio Ambiente Diego Santilli opina sin rodeos: "Buscamos un servicio con tecnología de punta y sin bolsas en la calle. Marcará un antes y un después".

Pero aquí, más allá de las responsabilidades de las autoridades y los productores, habrá un tercer actor involucrado que, en definitiva, será fundamental para inclinar la balanza hacia el éxito o el fracaso: los vecinos. El nuevo sistema se basa en la separación de origen de los residuos en cada domicilio que supone una cierta "cultura del reciclado" que muchas veces -más allá de sus buenas intenciones- el ciudadano no posee.

Lo que viene

Si finalmente el proyecto legislativo se aprueba, si el nuevo sistema de recolección en la Ciudad funciona, si se cumplen los tres preceptos "verdes" básicos: "ahorrar energía, no contaminar y no presionar sobre los recursos naturales"... ¿la guerra contra la basura estará concluida?

"No, esto es sólo un primer paso", advierten los ecologistas. "En una segunda etapa habría que avanzar en el tratamiento de residuos orgánicos (alimentos), que se pueden compostar. Para eso habría que sumar un tercer contenedor". El "compost" es un proceso de degradación de relativa simpleza por el cual se reducen los volúmenes de residuos y hasta puede obtenerse biogás sin alterar el medio ambiente.

Al ritmo al que han venido sucediendo los acontecimientos, redoblar la apuesta posiblemente demande unos cuantos años. Serán necesarios nuevos debates, una infraestructura con más desarrollo y mayores inversiones. También la voluntad del poder político, la industria y los ciudadanos. Pero por lo pronto estas dos ideas pueden generar una modesta contención al avance sin pausa de ese enemigo en el que se han convertidos los residuos. Nadie dijo que ganar la guerra fuera fácil; a veces, simplemente, se trata de no retroceder.

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