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2 de septiembre 2005 - 00:00

El infierno de Alem

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Avenida Leandro Alem. Un riesgoso juego diario para automovilistas que deben esquivar tapas de registro hundidas, audaces motoqueros, limpiavidrios y piqueteros, entre otros obstáculos.

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El gobierno de Aníbal Ibarra dice: «En las reparaciones que se hicieron en la avenida Alem dejamos por debajo del nivel del asfalto las bocas de registro (bocas de tormenta). Nos olvidamos».

Uno pasa Retiro y allí entra en el campo de batalla porque Libertador se achica al transformarse en Alem. Los motoqueros pasan a los autos por todos lados. Estos, a partir de Paraguay y hasta la Rosada, tendrán 4 bocas de tormenta hundidas seis centímetros que pueden arruinarle el vehículo si no las eluden. Es difícil el esquive porque hay dos de cada lado. El golpe de volante, al tenerlas encima, arriesga a golpear a los motoqueros.

La «Batalla de Alem» no termina eludiendo a volantazos motociclistas y bocas de tormenta hundidas. Le queda por superar el obstáculo de piqueteros casi diarios frente al Ministerio de Trabajo (¿por qué no lo dejaron en Diagonal Sur y Moreno cuando tenían una plazoleta enfrente para concentraciones?). Si pasó indemne esa gritería, pancartas y bombos (que le lanza todos los micros a la parte central de la calle o lo hace desviar a laterales), le toca presenciar el cuerpo a cuerpo y cuerpo a auto de Corrientes y Alem. Luz verde allí para peatones pero también para automovilistas que bajan en tropel por Corrientes y giran por Alem. Es una lucha despiadada sobre un rayado peatonal que no respetan los que quieren girar de los que quieren cruzar.


En la esquina más próxima a la Casa de Gobierno, los limpiavidrios actúan más que en otros sectores de la Ciudad porque circulan diplomáticos, eclesiásticos de nivel hacia la curia, banqueros, y también porque una vez -dicen-le resultaron simpáticos al circular diariamente por allí al presidente Kirchner. Ahora actúan como si les hubieran otorgado un aval del Estado.

La polución ya ha teñido la vieja recova, siglos atrás Paseo de la Alameda y luego de Julio hasta que en 1919 se rindió homenaje al radical Leandro Alem imponiendo su nombre a la avenida. Fue casi sobre la primera asunción de José Luis Cantilo como intendente porteño.

El conteo de las «bocas de tormenta» hundidas es una labor especial que estaría llevando a cabo la Secretaría de Infraestructura de la Ciudad de Buenos Aires. Calculan que serán una o más por cuadra y que tendrán el dato en setiembre.
Inexplicable.

El argumento que justifica esos nuevos baches, producto de la transformación de las tapas en pozos, es curioso: se ha asfaltado

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