El Viejo Almacén, el local emblemático del tango, amenazado por el dólar barato y los altos costos en pesos.
Al negocio del tango, «Cuesta abajo» es la música que mejor lo representa hoy. El dólar devaluado por la crisis del agro les está quitando el último brillo a las tanguerías y ha puesto a los empresarios en una situación complicada.
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Los costos en pesos van aumentando y tienen comprometidos con las empresas de cruceros dos años más de comidas y shows a una tarifa fija en dólares. La moneda de Estados Unidos perdió 8% de su valor este año, mientras los costos en pesos subieron más de 20%.
Como todo lo que brilla atrae, SADAIC, por caso, ahora intenta cobrar 4% de la recaudación de cada local como derechos de autor. SADEM, el sindicato de músicos, no se quedó atrás: quiere que cada intérprete cobre más de $ 200 por show, una cifra que los pequeños reductos tangueros no pueden soportar.
Los gastronómicos, que el año pasado lograron un aumento de casi 50% de sus salarios, este año consiguieron otro de 24% y van por más porque creen que el tango todavía recauda. Parece la parábola del gobierno con el agro, cuando aumenta las retenciones: miran los precios y no los costos.
La AFIP también está tras ellos y es un problema, porque los conserjes, por caso, cobran comisiones en negro por los turistas que envían. Si algún reducto los denunciara, perderían una parte importante del negocio, por lo que esa comisión, que es la mitad de lo que valen el espectáculo y la comida, no se puede deducir de Ganancias.
Nadie quiere quedar afuera de lo que hasta hace poco era un gran negocio pero que los argentinos se encargaron de arruinar, algo parecido a lo que sucede con el campo.
Con el auge del turismo, las tradicionales tanguerías como El Viejo Almacén, La Ventana, Taconeando o El Querandí, con capacidad para no más de 300 personas, comenzaron a poblarse de extranjeros. Pero para que esto sucediera, los propietarios debieron viajar varias veces al exterior a vender sus espectáculos en las distintas ferias internacionales de turismo. Así captaron a los pasajeros de los cruceros.
Poco tiempo después se incorporó el «megashow» de tango a través de enormes locales con capacidades que superaban largamente los 1.500 espectadores.
Incremento
Hasta el año pasado, la oferta de espectáculos de tango era de 4.700 plazas. Pero con la inauguración de Tango Porteño (1.200 plazas) y Tango Palace (1.100) hace dos meses, cuando comenzó la crisis del agro, la oferta de lugares aumentó 50%. Peor momento no había para estas inauguraciones porque el turismo extranjero comenzó a descender junto con el valor del dólar.
La llegada de extranjeros alcanzó su clímax en 2006, bajó en 2007 y cae más fuerte en 2008. Los conflictos en los aeropuertos y el encarecimiento de la Argentina en dólares fueron una parte de las causas. La otra es el abaratamiento de Estados Unidos y el sudeste asiático para los europeos, que pagan con la moneda más fuerte del mundo: el euro. El Faena Hotel en la Argentina cuesta 400 dólares por noche; y un gran hotel de lujo en China, apenas 60 dólares. La tarifa promedio de un cinco estrellas argentino duplica la de un buen hotel de Nueva York. La temporada alta de la Argentina es entre noviembre y abril, cuando llegan los cruceros. Esta temporada no fue tan alta; y la baja, está más baja que nunca, al punto de que quieren captar a los argentinos haciendo enormes descuentos. Los megashows que se publicitan a $ 600 el cubierto, cuando un argentino llama por teléfono, los consigue por $ 80. La crisis provoca rebajas insólitas, con tal de llegar a ocupar algunas de las tantas sillas vacías.
La tarifa promedio que paga un turista por una cena con tango incluido es de $ 250, pero la mitad queda para el propietario, que se debe hacer cargo del traslado del turista y la comisión a la agencia.
De los 46 millones de dólares que se recaudaron el año pasado, la mitad ingresó a las tanguerías, que debieron pagar de ese importe 4% a SADAIC, sueldos de 400 músicos y bailarines, además de personal gastronómico y de limpieza, que suman otras 1.100 personas. Después aparecen los crecientes costos de las bebidas y las comidas, porque para los turistas en el menú no puede faltar la carne.
Todos estos costos subieron fuerte en pesos durante 2008, mientras que el dólar bajó abruptamente. Las casas de tango tienen comprometidos dos años más de contrato con los cruceros a una tarifa fija en dólares. Si el dólar no se ajusta a la inflación, pronto el negocio será «una ilusión pasada» en un Buenos Aires querido, cada vez más caro.
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