En el aeropuerto Louis Armstrong había largas filas de pasajeros. La mayoría de los vuelos que aterrizaban lo hacían vacíos mientras que los que despegaban iban llenos. Algo similar ocurre en todas las localidades de la costa de Mississippi, declaradas ayer en emergencia por el presidente de EE.UU., George W. Bush, ante la temida «visita» del huracán de grado cinco, que anteriormente ya causó nueve muertos y cuantiosos daños en Florida.
«La ciudad nunca ha visto un huracán de este tipo», dijo en conferencia de prensa el alcalde Ray Nagin, acompañado de la gobernadora del estado de Luisiana, Kathleen Blanco, quien manifestó que horas antes había recibido una llamada telefónica de Bush pidiéndole que ordenara la evacuación obligatoria de las zonas de la ciudad que se encuentran bajo el nivel del mar, donde vive casi medio millón del 1,4 millón de habitantes de Nueva Orleans.
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