Un joven ruso saltó de una estructura de hierro desde 120 metros de altura, en una peligrosa práctica que consiste en abrir el paracaídas durante la caída. Pero se abrió tarde y sufrió un duro impacto contra la nieve.
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Aunque salvó su vida de milagro, tuvo fracturas en sus piernas, pelvis y varias vértebras.
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