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Lanata, en el otro extremo, no tiene ese rigor y ve la Historia desde la subversión setentista. Encuentra motivaciones marxistas antes que Carlos Marx lo inventara a partir de 1848. El último libro de este periodista, «ADN», fue un fracaso porque cayó en escribir en una obra lo que cualquiera sube a Internet que muchas veces es un disparate.
Ninguno de estos autores nuevos difundistas de la Historia Argentina son, sin embargo, innovadores. Félix Luna y Emilio Perina con una revista mensual «Todo es historia» durante décadas ilustraron con amenidad, rigor histórico y sin ideologización a los argentinos sobre su país. Los nuevos como Pigna tienen base histórica sólida pero poca base filosófica y menos aún conocimientos económicos sin los cuales la Historia se transforma en una suma de hechos sin hilvanación visible, que ellos suplantan o con motivaciones meramente «patrióticas» o afanes reivindicatorios socialistas algo que suena hueco.
En este sentido un Rodolfo Puiggrós o inclusive un Aldo Ferrer -antes que se volviera un impulsor del encierro- país y « vivir con lo nuestro»- siguen siendo clásicos insustituibles para conocer la realidad económica nacional porque la narraron dentro de las apetencias sociales y la puja económica.
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