Tanto Letizia como Cristina cambiaron recientemente sus
looks. Pero, para los especialistas, a la primera le sienta mejor
la transformación.
Guste o no, hasta ahora Cristina se destacaba entre colegas de la política por su devoción a la moda. En ese terreno vencía a cualquier par internacional (salvo, la italiana venida a francesa Carla Bruni, quien no fue elegida y el poder lo ejerce en forma ortopédica). Ni merece entonces comparación el vestuario de Cristina con el de la reina de Inglaterra o, lo que resulta más deprimente, con el de la alemana Angela Merkel. Ninguna como Cristina ha seguido las últimas tendencias. Salvo, ahora una competidora nueva, dama tímida, apocada y anoréxica, que acapara miradas: la princesa de Asturias Letizia Ortiz. Esa muchacha también decidió renovarse.
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Por cuatro años, la heredera al trono español postergó su ingreso al glamoroso mundo del fashion. Pero así como Cristina dispone de equipos que la asesoran en imagen (para hacerla más dulce, menos agresiva, borrarle tics -sostener los micrófonos con las dos manos-y eliminarle expresiones advenedizas como «too much» o «sorry»), también la ex periodista que alcanzó la realeza es sostenida por un núcleo de modistas. En el último Salón de la Moda, en Madrid, la iniciaron en la trastienda y desde entonces no deja de sorprender con la multiplicación de modelos. Para España, una novedad conmovedora: estaban acostumbrados a la rutinaria griega que acompaña al rey y a las hermanas de Felipe, que no las salva ni Benito Fernández.
Aunque Letizia le abrió los ojos a Cristina para inspirar el vestido con el cual asumió la presidencia (equipo blanco que se completaba con tapado, todo de guipur), ciertamente luego no hubo posibilidad de copiar ningún conjunto: aburrida, asexuada, más que la suegra, hasta que ahora se desliza por los salones con los atributos que encandilaron al príncipe Felipe de Borbón. Delgada al extremo, todavía. Confrontarla por los expertos con Máxima de Holanda, con la reina Rania de Jordania y con Victoria de Suecia, empezó a sacarles una ventaja inimaginable hace pocos meses.
Casi en simultáneo, Letizia se deshizo de los clásicos trajes sastre, los pantalones de corte recto en blanco, marrón, negro y azul -esos de los que también Cristina abusó durante el conflicto con el campo-, para ahora embutirse en vestidos de colores shocking, siempre de firma, acompañados por zapatos de aquellos que enamoran a las estrellas de Hollywood, como los de Manolo Blahnik. Todo el mundo aplaude este cambio («Vanity Fair» ya la incluyó entre las mejores vestidas del mundo), se produce -ay, siemprela política complica todocuando se desmorona la actividad económica, España entra en crisis y el socialismo se aferra ciegamente a los errores. Aunque nadie del equipo oficial se preocupó por ubicar a Cristina en alguna clasificación de «Vanity Fair» (o de otras revistas), igual merece la opinión de especialistas sobre esta competencia que se inicia entre una princesa y una reina (al menos, por el nombre).
«Son dos mujeres con estilos diferentes. Ambas modificaron sus looks, pero sólo una acertó en ese cambio. Y ésa es Letizia», opinó la asesora de imagen Gisella Gulli.
Para la experta, «la princesa logró aggiornar el antiguo protocolo con buen gusto y lucir joven, elegante y, por sobre todo, moderna.
Además, focalizó la atención en resaltar sus atributos y supo disimular las partes menos agraciadas de su cuerpo, como sus piernas huesudas, con delicado charme».
Es que la clave del cambio exitoso que eligió la española pareciera recaer en una fórmula básica de los modistos: «Metentaciónnos es más», algo que aparentemente la dama argentina no comparte. «Letizia, ante la duda de alguna combinación, elige usar pocos accesorios o vestimenta más discreta. En cambio, la lógica que aplica la presidente argentina funciona al revés. Por las dudas, siempre se muestra sobrecargada», dice Gulli.
Una coincidencia notable entre ambas, sin embargo, es el gusto por las joyas de alta gama. Las dos son amantes de las gargantillas, los pendientes de diamantes y los anillos con brillantes y zafiros. Pero los opinadores consultados dicen que estas mujeres difieren en la forma de llevarlos. «Ambas usan joyas importantes. Pero Ortiz sabe cómo lucirlas. Por ejemplo, cuando elige alhajas llamativas, opta por concentrar la atención en ellas usando indumentaria sobria. En cambio, Cristina siempre busca resaltar todo, aunque de esta forma logra todo lo contrario.» Tal vez por esta característica, la escribiente modelo Naomi Campbell haya afirmado que lo que más le llamó la atención -cuando conoció a Cristina- es su «osaunqueextravagante». Claro que son los gustos de una mujer que sabrá pasar ropa, pero dudosa a la hora de elegir.
Mientras, esta semana, la Kirchner subió nuevamente el color de su melena cada vez más rojiza. Se da tiempo para todo, es una curiosidad saber cuándo trabaja, ya que entre vestido, producción, maquillaje y peinado, pasa unas cuantas horas y, luego, participa en actos, reuniones, celebraciones que le consumen gran parte del día. También la princesa se tocó el cabello: volvió al rubio ceniza e incorporó una base de permanente para dar mayor volumen a lo poco que tiene. Casi de dieta también el pelo.
En esa comparación sobre colores y peinados, la Gulli se pronuncia por la futura reina, le otorga hasta 9 puntos. « Parece fresca, natural, mientras el llamativo y rabioso rojizo de Cristina no se compadece con su edad.» Mejor no citar el puntaje que le concedió, si hasta parecía que hablaba de esa cabellera como si fueran los sombreros de la reina de Inglaterra. Demasiado crítica con nuestra reina.
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