En Francia ya se están preparando para la llegada de la televisión de bolsillo a partir de fines del año próximo. Cualquier persona, en cualquier lugar, podrá acceder a ver sus programas preferidos en el lugar que desee. No tardará en llegar a la Argentina y sería una buena oportunidad para adjudicar el número de frecuencias que sea necesario para terminar con la concentración y el monopolio.
Mientras en la Argentina hay quienes -desde la nueva plutocracia-recurren a la obtención de medidas judiciales «precautorias» para que en materia de telecomunicaciones las cosas no vayan -de repente- a cambiar, en el resto del mundo se sigue avanzando al ritmo vertiginoso propio de la evolución tecnológica que caracteriza al sector. Ocurre que nadie quiere quedar retrasado -en términos relativos, claro está- respecto de las demás sociedades en lo que a gozar del mejor acceso posible a la información y otras opciones audiovisuales se refiere. Se trata, simplemente, de evitar que el futuro llegue, pero tarde.
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Veamos lo que, en este capítulo, está sucediendo, en este preciso momento, en Francia, uno de los países líderes de la Unión Europea.
A partir de la Navidad del año venidero, y seguramente a lo largo del primer trimestre de 2009, los franceses podrán ver televisión fuera de sus domicilios. En todas partes. En la calle, en los medios de transporte, donde sea.
La principal, pero no la única, herramienta para que esto sea posible será su teléfono portátil. Habrá algunas otras, ya que cabe presumir que para entonces habrá toda suerte de televisores portátiles disponibles en el mercado. Esto no es fantasía, es una realidad. El primer capítulo, que consolidará la simbiosis entre la televisión y los medios de comunicación masiva, es el de la llamada «televisión móvil personal» (TMP).
Hace sólo algunos días, el Consejo Superior Audiovisual de Francia llamó a licitación pública para interesados en obtener algunas de las dieciséis frecuencias que para esto estarán disponibles. En los próximos tres meses se habrán presentado las ofertas del caso. Y para el próximo abril se sabrá quiénes resultaron adjudicatarios.
Pluralidad
El Estado se ha reservado para sí tres de esas dieciséis frecuencias. No las ha inundado con su presencia, ni limitado la participación del sector privado, apostando a una saludable pluralidad de opciones e ideas. A la libertad, en consecuencia. Es obvio que allí nadie trata de imponer un discurso único, aventura que no sería fácil.
En mayo del año entrante se negociarán los contratos que regulen las concesiones conferidas a quienes hayan obtenido las frecuencias licitadas. Para agosto se espera que, obtenidas las autorizaciones gubernamentales, la TMP comience a operar, y se realizarán las primeras pruebas. Para Paule Gonzales, del influyente «Le Figaro», no es imposible que los franceses puedan ver, estén donde estén, los Juegos Olímpicos de Pekín, sin perderse un solo detalle.
El criterio más importante que se utilizará para seleccionar a quienes finalmente resulten los operadores del futuro es el que premia a la innovación; esto es, al adelanto tecnológico y al mejor servicio. Es muy posible que esto, de alguna manera, favorezca a las actuales cadenas de televisión francesas, que son quienes podrían asegurar la denominada «continuidad visual», o sea que quien deja de mirar un programa en el televisor de su propia casa pueda, sin inconvenientes, seguir viéndolo -esté donde esté- a través de su propio teléfono, o de algún otro aparato móvil, sin interrupción alguna.
Indefinición
Lo que aún no está decidido es si el nuevo servicio será gratuito o pago. Hay quienes sostienen que la publicidaddeberá hacerse cargo de todos los sobrecostos que suponga ponerlo en marcha, de modo que no sean los consumidores quienes tengan que hacer un esfuerzo económico adicional. Pero hay otros que -destacando que los costos de desarrollo del nuevo servicio no son menores-sugieren que será necesario cobrar un cargo especial.
Hay asimismo otro interrogante, que aún no ha sido develado: el que se refiere a la compatibilidad de los sistemas, de manera que la cohabitación real entre todos ellos sea siempre posible.
Francia avanza, con un espíritu moderno y abierto, en dirección a poder brindar a todos sus ciudadanos el mejor acceso posible a las imágenes audiovisuales que se trasmiten desde sus estaciones de televisión, en todo momento y lugar, sin vacíos.
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