Finalmente el conflicto por la confitería Richmond parece haber llegado a un fin. Al menos así parece tras una reunión llevada a cabo en el Ministerio de trabajo en donde dirigentes gastronómicos y compradores del local alcanzaron un acuerdo.
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Fuentes ministeriales confirmaron a ámbito.com que ambas partes firmaron un acuerdo sobre las indemnizaciones para el personal cesanteado tras la venta del inmueble ubicado en Florida 466, de Capital Federal.
Sin embargo, los trabajadores prometieron levantar la toma que llevan en el local desde ayer una vez que se confirmen los pagos de los salarios de agosto y las indemnizaciones de ley. Hasta tanto no se haga efectivo el depósito representantes sindicales "se quedaran en el lugar haciendo guardia", ampliaron desde el Ministerio.
Del cónclave participaron representantes sindicales del gremio de los Gastronómicos, compradores de la confitería y el Ministro de Trabajo, Carlos Tomada.
La toma de la confitería Richmond sucedió ayer alrededor de las 13 cuando una docena de ex empleados, acompañados por sindicalistas de Gastronómicos, ingresaron por la fuerza el local.
Mientras ingresaron con bombos y redoblantes al local donde hasta la semana pasada funcionó la tradicional confitería porteña los manifestantes pintaron con aerosol en las puertas de cristal: "Paguen" y "¡Estafa!".
El pasado jueves, la Legislatura porteña declaró como sitio histórico a la confitería Richmond, ubicada en la peatonal Florida. Un día después, un nutrido grupo de personas realizó un abrazo simbólico, además de juntar miles de firmas para defender a esta notable confitería y que la ciudad no pierda un emblemático lugar de encuentro.
La Richmond, es uno de los "bares notables" porteños. Este café, que abrió sus puertas el 17 de noviembre de 1917 fue pronto centro de reunión, reflexión y debate del emblemático "Grupo Florida", integrado por Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Ricardo Güiraldes, Conrado Nalé Roxlo, Leopoldo Marechal y Eduardo González Lanuza, entre otros notables. Alejandra Vidal, una de sus camareras, dijo esta tarde a Télam que trabajaba en el lugar desde 1995. "Formo parte de la tanda de empleados que despidieron en mayo, lo único que nos explicaron es que la firma propietaria vendió el inmueble".
La mujer, que había concurrido al estudio jurídico a cargo de las indemnizaciones del personal cesanteado, a pocas cuadras del lugar, se acercó esta tarde a dar una mirada al local de Florida al 400, donde trabajó hasta hace tres meses.
Allí sólo quedaban dos pintores que blanqueban las vidrieras y algunos traseúntes que espiaban por las rendijas la arquitectura y la decoración del casi centenario salón.
La declaración de Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por su valor simbólico e identitario, que le otorgó por unanimidad la Legislatura el último jueves, evita el cambio de rubro -ya que en el inmueble se planeaba instalar un gran local comercial-, pero no su venta o cierre.
En la vereda de la Richmond, Vidal señaló que "tengo muchos gratos recuerdos de acá adentro, atendí muchas personalidades, como (al escritor ya fallecido) Mario Benedetti, que siempre venía con la señora".
La ex camarera continuó: "Benedetti se sentaba junto a la calle y se tomaba un Negroni; después los dos se pasaban al salón del fondo a comer. Recuerdo que siempre tomaba vino blanco, porque según él el tinto le daba alergia".
"La confitería estaba funcionando muy bien, siempre estaba llena de turistas y a muchos de ellos les recomendaban nuestras masas en Europa y varios volvían, la verdad no entiendo por qué cerró".
Carlos, uno "mantero" de Florida que trabaja frente a la puerta del café, contó que "hoy a la mañana vinieron algunos empleados, con los que siempre estamos acá vendiendo y nos acercamos a saludarlos, pero me voy a llevar grabada la cara de tristeza del gordito que estaba siempre en la caja".
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