De visita en la
Argentina.
Michael
Schneider,
nuevo secretario
del Congreso
Judío
Mundial,
condenó al
radicalismo
islámico como
un mal
también para
los musulmanes
y criticó al
gobierno iraní
como una
amenaza para
todos los
países.
«El antisemitismo nunca desaparecerá, eso es un hecho, pero hay que diferenciar entre quienes no nos quieren y quienes buscan lastimarnos. El antijudaísmo es endémico en todo el planeta, pero una cosa es decir que no te gustan los judíos y otra es clamar por su desaparición. Y eso no puede ser tolerado.»
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La definición es de Michael Schneider, flamante secretario general del poderoso World Jewish Congress (WJC), que visita Buenos Aires por primera vez desde que ocupa ese cargo. Sin embargo, este veterano dirigente nacido en Sudáfrica pero con residencia en Nueva York fue un viajero frecuente a la Argentina entre 2001 y 2004, cuando presidía el Joint Distribution Committee.
Este organismo es el encargado de auxiliar a las comunidades judías en problemas, y en ese lustro la colectividad atravesó, igual que todos los demás argentinos, una crisis profunda que llevó al cierre de escuelas, clubes y entidades señeras. «Vemos que esa crisis ya pasó; la comunidad judía argentina es una de las más dinámicas del mundo y a diferencia de otras, es mayoritariamente de clase media. Las pymes de judíos están mejor, y por eso la ayuda se canaliza ahora a otras comunidades con otras dificultades.»
En diálogo con este diario, Schneider habló de la relación con el gobierno de los Kirchner, de Irán y del peligro para al mundo que es -según él- el islamismo fundamentalista, entre otros temas. Veamos:
Periodista: La Argentina sufrió dos de los peores atentados antisemitas fuera de Israel de la historia reciente. ¿Cómo ve el WJC la marcha de la investigación?
Michael Schneider: Vemos un gran cambio desde la asunción de Néstor Kirchner, y esperamosque su esposa continúe en la misma senda. Fue una medida de gran coraje pedir la captura de los iraníes responsables de organizarlos; sabemos que las chances de atraparlos son mínimas, pero eso no es tan importante como saber que la Justicia finalmente actuó.
P.: ¿Tuvo contacto con Cristina de Kirchner, o con algún otro funcionario del gobierno en este viaje?
M.S.: No; la idea es hacer una gira por la región para conocer cada realidad; más adelante, este mismo año, nuestro presidente Ronald Lauder viajará a Buenos Aires con la intención de reunirse con su presidente, como lo hizo antes Edgar Bronfman, su antecesor.
P.: ¿Creen que la Triple Frontera sigue siendo una fuente de financiamiento para grupos terroristas?
M.S.: El islamismo radical es una desgracia no sólo para los judíos o los cristianos, sino fundamentalmente para los propios musulmanes, la mayoría de los cuales son moderados y razonables. Si ese terrorismo se expande a América latina, será una tragedia de proporciones, y creo que no hay que permitirlo.
P.: La comunidad judía argentina está a las puertas de una elección en AMIA que podría mudar de un tradicional laicisismo a posiciones más ortodoxas, religiosas. ¿Le preocupa?
M.S.: Mire; los judíos somos una tribu muy peleona (risas). Sé que hay candidatos religiosos y otros laicos, pero confío en que no se producirá un divorcio entre ambos sectores, y que finalmente ambas partes cederán un poco para mantenerse unidas. Sé que hubo problemas por el tema de los sepelios, pero en Estados Unidos, por caso, los ultrarreligiosos y los laicos son enterrados en los mismos cementerios...
P.: ¿Qué piensa cada vez que el presidente de Irán llama a aniquilar a Israel?
M.S.: Que ese régimen es una amenaza para el mundo, pero también una enorme distorsión de una gran fe como el islam. Hace pocos días estuve con el secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, y estuvimos de acuerdo en que -para contrarrestar al fundamentalismo musulmán- hay que tender puentes entre las tres grandes religiones.
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