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La situación de la beba despertó una gran polémica y fue llevada a los estrados judiciales. Ayer mismo -antes de que ocurra el deceso- el sacerdote José Alessio, especialista en bioética, consideraba que para retirar el respirador que mantenía artificialmente con vida a Ludmila no hacía falta una autorización judicial, ya que cuando hay muerte cerebral no hay vida.
La beba, de cuatro meses, fue internada la semana pasada en estado de coma irreversible y con golpes en el cuerpo, por lo que los médicos realizaron una denuncia policial y sus padres, Sebastián Barchetti, de 22 años, y Estefanía Santa Cruz, de 21, quedaron detenidos acusados de maltratar a la pequeña. El caso era investigado por la jueza de menores Amalia García de Fabré, quien se apartó de la causa alegando «violencia moral», por no haberla separado de sus padres dos meses antes de ocurrido el hecho.
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