El suicidio de David Kelly, el experto citado anónimamente en un informe de la BBC que acusaba al gobierno británico de haber exagerado adrede la amenaza de Saddam Hussein y su supuesto arsenal de destrucción masiva, sigue agitando a esa cadena pública. Tanto que, para escándalo del sindicato de los periodistas, su dirección pretende ahora imponerles la obligación de revelar sus fuentes en casos políticamente sensibles y basados en un único testimonio.
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Sumida aún en una fuerte crisis por la investigación que absolvió al gobierno en el caso y lanzó serias acusaciones sobre el manejo de la información en la BBC, el nuevo director, Mark Thompson, aceptó las recomendaciones de Ron Neil, un ex director de informativos de la corporación, para reformar la cadena.
Entre las recomendaciones de Neil figura también hacer una inversión millonaria para capacitar a los periodistas, que deberán probar ser aptos para tomar notas de manera confiable y cuyos ascensos se basarán ya no sólo en su experiencia sino también en su formación. Todo esto agrada a los periodistas, pero no así como la obligación de revelar sus fuentes. Mientras negocian con las autoridades, recordaron que ni siquiera un juez puede obligarlos a hacer eso y alertaron que los informantes perderán su confianza en la BBC. La polémica sigue.
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