Parece que Néstor Kirchner le aplicó retenciones a su esposa y, ella, ayer usó el mismo conjunto del 18 de enero, un vestido chemise de falda lápiz semi plisada a la rodilla con cuello solapa, de raso color champagne estampado con pequeñas flores en tono rosita. Como entonces, completó el look glamouroso con el mismo cinturón ancho de hebilla cuadrada en cuero rosado y zapatos al tono. Inclusive reiteró el collar de piedras blancas semi transparentes, anillos de oro, aros colgantes con brillantes y el infaltable reloj Rolex.
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Más sobria había estado el lunes. Ese día optó por un tailleur de seda azul, un modelo clásico que no merece mayor atención, salvo por los grandes botones redondos del saco que tenían incrustados brillantes. El martes, apareció en la escena del discurso en la Plaza de Mayo con los colores celeste y blanco.
Toda una simbología para quienes creen en esos detalles. Ambos tonos combinados en una falda semi plisada, floreada y a la altura de la rodilla, musculosa y saco en bouclee, deflecado en las mangas y la abertura, algo parecido a lo que vistió el 11 de marzo (aquella vez con pintas rosadas y amarillas).
El miércoles optó por un look casi de luto: tailleur de seda negra, zapatos del mismo tono y maquillaje también oscuro, para hablar ante los militares por Malvinas. Parecía una viuda. Además, por primera vez, no respetó el protocolo que sugieren los modistos usando medias de lycra negras: éstas, como se sabe, siempre deben ser del mismo tono de la piel, para pasar lo más inadvertidas posible.
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