El espionaje llevado a cabo contra ciudadanos dentro de EE.UU. por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) inquieta cada vez más. Esta es la visión satírica del humorista Nick Anderson en «The Louisville Courier».
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Las autoridades desplegarán estos inspectores en unos cuarenta de los aeropuertos de mayor tránsito en un país donde hay 7.000 vuelos de aviones comerciales cada día.
Desde los ataques terroristas del 11 de setiembre de 2001, los funcionarios confiscaron millones de tijeras, destornilladores, cortaúñas y herramientas diversas a los viajeros, con el argumento de que esos instrumentos podrían usarse como armas.
La semana pasada, la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés) anunció que se permitirá que los pasajeros lleven limas y cortaúñas, tijeras con hojas de menos de diez centímetros, jeringas para la administración de medicamentos y pinzas de depilación, artículos hasta entonces prohibidos.
Algunas asociaciones de pilotos y de personal de cabina protestaron contra esta relajación de las medidas de seguridad y recordaron que los terroristas que en setiembre de 2001 tomaron el control de cuatro aviones comerciales usaron como armas pequeñas hojas afiladas destinadas al corte de alfombras.
En el constante ajuste de sus medidas de control, la Agencia de Seguridad en el Transporte (TSA por su sigla en inglés)
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