13 de marzo 2026 - 13:03

Sorpresa por un satélite de la NASA que reingresó "descontrolado" a la Tierra

Se trata del Van Allen A, que cayó cerca de las Islas Galápagos. Había sido lanzado en 2012 al espacio.

Un satélite tuvo un complicado regreso a la Tierra.

Un satélite tuvo un complicado regreso a la Tierra.

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Un satélite de la NASA lanzado al espacio en 2012 protagonizó un regreso inesperado a la Tierra luego de abandonar su órbita de forma no controlada. La Fuerza Espacial de Estados Unidos confirmó esta semana que la sonda Van Allen A reingresó a la atmósfera y terminó cayendo en el océano Pacífico, al oeste de las Islas Galápagos.

La zona del impacto se ubicó aproximadamente a 1.000 kilómetros de la costa continental de Ecuador. Según los datos reportados, la caída ocurrió en las coordenadas 2 grados de latitud sur y 255,3 grados de longitud este.

El regreso del satélite de la NASA

De acuerdo con el portal Science Alert, los especialistas de la NASA anticiparon que algunos fragmentos de la nave, que pesaba cerca de 600 kilogramos, podrían sobrevivir al paso por la atmósfera. Sin embargo, en este tipo de situaciones lo habitual es que la mayor parte de la estructura se desintegre durante el descenso.

Antes del reingreso, la agencia espacial estimó que la probabilidad de que los restos provocaran daños a personas se ubicaba entre 1 en 4.200.

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El científico neerlandés Marco Langbroek, citado por el medio especializado, explicó que el comportamiento del satélite dificultó los cálculos.

“Todas las reentradas son difíciles de predecir, pero esta en particular fue especialmente compleja debido a su órbita excéntrica y asimétrica”, señaló.

Qué era el satélite Van Allen A

La misión Van Allen estuvo compuesta por dos satélites gemelos, Van Allen A y Van Allen B, lanzados simultáneamente en 2012 para estudiar una región clave del entorno espacial de la Tierra.

Ambos dispositivos analizaron los llamados cinturones de radiación Van Allen, zonas de la magnetósfera terrestre donde se acumulan partículas cargadas de energía generadas principalmente por el viento solar.

Estos cinturones recibieron su nombre en honor al físico estadounidense James Van Allen, quien descubrió estas regiones de radiación en la década de 1950.

Una misión pionera

La NASA destacó que las sondas fueron diseñadas para operar durante largos períodos en una región del espacio particularmente peligrosa para los equipos y los astronautas.

“Las sondas Van Allen fueron las primeras naves espaciales diseñadas para operar y recopilar datos científicos durante muchos años dentro de los cinturones de radiación, una región alrededor de nuestro planeta donde la mayoría de las misiones espaciales y de astronautas minimizan el tiempo para evitar la radiación dañina”, explicó la agencia espacial.

Los datos recopilados durante la misión continúan siendo fundamentales para comprender el clima espacial y sus efectos sobre satélites, astronautas y sistemas tecnológicos en órbita.

El fin anticipado de la misión

Las dos sondas agotaron sus reservas de combustible en 2019. Inicialmente, la NASA preveía que ambos satélites permanecieran en órbita hasta aproximadamente 2034.

Sin embargo, el aumento de la actividad solar en los últimos años alteró las condiciones de la órbita y aceleró el descenso de Van Allen A, que finalmente reingresó antes de lo esperado.

Su satélite gemelo, Van Allen B, continúa orbitando la Tierra, aunque los especialistas estiman que su regreso a la atmósfera podría ocurrir antes de 2030.

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