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18 de agosto 2008 - 00:00

Sospechas sobre los héroes de Pekín

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El nadador Phelps asombró al mundo con ocho medallas. Pero en estos juegos como en ninguno se abre la polémica por los controles antidoping.
«En la época que filmé 'Conan The Barbarian', si me hubieran hecho una prueba antidoping, habrían prohibido la película...» La celebérrima frase de Arnold Schwarzenegger podría usarse para algunos de los atletas que participan por estos días en las Olimpíadas de Pekín: la diferencia seguramente es que los detectores de sustancias ilegales vienen perdiendo la carrera -y por un campo- con los que trabajan para eludir esas pruebas.

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En la jerga de los gimnasios a las sustancias que inflan la musculatura y permiten recorridos más largos en menos tiempo, o levantar más peso con igual esfuerzo, se las conoce como «mejorador», «mejoral» o «ayudín». Habrá que buscar algún apodo nuevo para lo que usan muchos en Pekín, porque está claro que en la Argentina (y en muchos otros países no centrales) no se consigue. Seguramente por esa causa a los países menos desarrollados les va mejor en los deportes por equipo: el doping de un jugador sobre cinco, seis u once no es tan decisivo como en una prueba individual, corta, explosiva y que se define en pocos segundos o minutos.

Salvo, claro, cuando se sospeche que todo el equipo viene «con ayuda», como se sospecha es el caso de algún «equipo soñado». Y si bien hubo ciclistas que debieron pegar la vuelta (no a Pekín, sino hacia sus países), el número de casos de dopaje detectados en China es infinitamente inferior al de los que se verifican en las competencias más importantes, como el Tour de France, el Giro D'Italia o la Vuelta de España.

  • Inexplicable

  • En muchos casos, el ojo desnudo de los espectadores que siguen los Juegos Olímpicos desde Buenos Aires y por televisión percibe como casi inexplicables los físicos que exhiben algún tenista, casi todos los nadadores y los velocistas de pista. Por ahora, los casos de doping «detectados» se limitan a un par de tiradores coreanos, una griega que corría 400 metros con vallas y algún otro atleta de países marginales o sin chances de llegar a una medalla. En cambio, los grandes triunfadores siguen «indetectados», a pesar de que en muchos casos es un secreto a voces, que además rompe los ojos, que su condición física y su musculatura difícilmente puedan obtenerse sólo con la ayuda del gimnasio. La gran pregunta entonces es si hay connivencia para no «detectar» sustancias en las grandes estrellas de los Juegos, o simplemente la trampa corre más rápido que los que tienen que descubrirla.

    En esta línea, Orlando Moccagatta -entrenador del nadador argentino José Meolans admitió ayer la posibilidad de que muchos nadadores hayan acudido a la ayuda de «la farmacología» para obtener sus récords. «Esa farmacología no está al alcance de cualquiera; espero que en el largo plazo no dañe la salud de los atletas, porque sería un contrasentido: nosotros hacemos deporte para mejorar nuestra salud.» El entrenador dijo además que «muchos hemos optado por competir dentro del 'fair play', y eso es hoy muy difícil», dando por sentado que ha habido muchos que eligieron un camino diferente.

    Resulta casi inverosímil ver cómo, en algunas pruebas de natación, el quinto superaba el récord mundial o el olímpico, un dato que la flamante «raya verde» (que marca el ritmo necesario para batirlo) ayudó a comprobar. Aun con las mejoras tecnológicas introducidas en la construcción de las piscinas, en la confección de los trajes de baño y hasta en las gorras que usan los nadadores, no se alcanzaa explicar esta demolición de marcas previas, muchas de ellas muy recientes.

    El periodista enviado por TyC para cubrir los Juegos llegó a «aconsejarle» a un nadador francés, cuyo físico parecía casi una caricatura del fisicoculturismo, «ya está, flaco: ya ganaste la medalla de oro, ahora desinflate...».

    Lo cierto es que, a las obvias distancias que existen en infraestructura, fondos para subsidiar la preparación de los atletas y hasta en cantidad de habitantes, los países más ricos cuentan con «ventajas» cada vez más indescontables en el campo de la farmacología. «Si una sustancia no está incluida en la lista de las prohibidas, puede ser usada», dijo a este diario un deportólogo que prefirió el anonimato. «Es evidente que en Pekín se están usando sustancias que no sólo mejoran la performance de los atletas, sino también su recuperación, lo que a la vez permite incrementar el trabajo previo y, además, competir en muchas pruebas en un período corto con posibilidades de éxito.»

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