También, con las velas, se hizo negocio. Aparecieron vendedores ofreciéndolas por 50 centavos, 1 peso o, en algunos casos, «a voluntad». Compartieron el territorio con quienes ofrecían banderas argentinas, a partir de 5 pesos, las únicas permitidas por Blumberg.
Claro que no estuvieron solos: entre la multitud, en una postal clásica de cada movilización masiva, naufragaban otros vendedores voceando su oferta: garrapiñadas, sándwiches, gaseosas y agua.
Menos retiduable fue para los persistentes militantes del Partido Obrero, que acechaban a los marchantes ofreciéndoles «Prensa Obrera», su «house organ».