Mozambique, isla paradisíaca que dio nombre al país, tiene en su historia haber sido puerto de exportación de esclavos junto a una rica historia turística, cultural y edilicia que le llevó a ser declarada Patrimonio de la Humanidad. Que se elija ese lugar para realizar un Congreso de Escritores resulta algo no muy posible sino típico. Y que una novela comience de ese modo ya es una tradición occidental sobre la que ironizó, entre otros, José Donoso en “Donde van a morir los elefantes”. Ese territorio es el punto de partida de la nueva novela del angoleño Agualusa. Los organizadores de las siete jornadas culturales son el periodista y escritor Daniel Bechimol, confeso alter ego de Agualusa, y la mozambiqueña Moira Fernándes, su mujer, feliz, embarazada y a punto de parir. De pronto, cuando ya el Congreso de Escritores se ha ido convirtiendo, por sus treinta participantes, en un Festival de Literatura Africana y, sobre todo, en un festival de afilados narcisismos, irrumpe un violento temporal que separa la isla del continente, deja sin electricidad, celulares, internet, sin el puente que lo unía a Mozambique, y con un suceso trágico, por si fuera poco. Las historias de un grupo aislado y de los amores y conflictos internos que se provocan es otra vieja tradición narrativa. Pero aquí se está en África, con escritores africanos, con tradiciones y concepciones africanas a las que se le han sumado las del resto del mundo y donde las caricaturas del africano ya no van. El genio de Agualusa convierte esa isla en un deslumbrante escenario distópico, donde a pesar de que todo se termina se sigue hablando de arte y literatura, donde pasado y presente se mezclan, donde ficción y realidad están tan presentes e interconectadas como lo muerto y lo vivo, como el personaje literario y la persona real, donde se funden lo perdido y lo recuperado, el terror y la ilusión. De pronto una escritora ilumina su identidad, y la del grupo: “soy de las palmeras, y de donde hay palmeras soy”. Agualusa se sirve del frenesí climático (hay tanta lluvia que se borra la memoria) para disparar razonamientos sobre historia, política, las variadas razones que llevan a escribir, el cinismo y los fetichismos de los escritores. Y cuando el ángel exterminador se ha alejado y llega una nueva vieja vida, aquí es mucho lo que se amalgama, las revelaciones quedan abiertas para entusiasmado placer del lector.
29 de noviembre 2022 - 00:00
Intelectuales aislados en una irónica novela
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M.S.
=José Eduardo Agualusa, “Los vivos y los otros” (Bs.As., Edhasa, 2022, 217 págs.)


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