Culpará un juez al Estado por caída de avión militar

Judiciales

El 13 de setiembre de 2006 se estrelló un avión Mohawk, con dos militares a bordo,que murieron en el acto. Ocurrió en una zona poblada de Los Polvorines en la provincia de Buenos Aires. El juzgado federal en lo criminal y correccional Nº 2 de San Martín, a cargo del Alberto Martín Suares Araujo, que intervino en el siniestro, maneja ya convicciones sobre dos aspectos: problemas en el mantenimiento del motor que falló y presuntas fallas de adiestramiento del piloto surgen de horas de lectura cruzando datos del historial del avión accidentado, del libro de vuelo del piloto, de las últimas conversaciones de la torre de Campo de Mayo, más declaraciones de testigos. Uno es Aníbal de la Cruz, hermano del piloto fallecido; otro, el capitán Gonzalo Francisco de la Cruz, quien en declaraciones radiales de aquel momento dijo que la víctima ya había tenido problemas con un motor de ese mismo avión. Se suman los peritajes de la Junta de Investigaciones de Accidentes, que orientaron la pesquisa hacia esas dos posibilidades, hoy casi certezas. Ambas tienen la contracara de la limitación de presupuesto y su consecuencia en el mantenimiento de los equipos. Un mal, se diría, endémico,de la gestión de Defensa. Esto extiende como sospechas hacia otros accidentes, por caso, el incendio que consumió al rompehielos Irízar y la caída del Mirage en Tandil.

  • Poco entrenamiento

  • Según muestran las estadísticas de los libros de vuelo de pilotos militares, hace 20 años se volaban unas 25 horas por mes; ahora apenas llegan a 10. La razón es el escaso presupuesto asignado para las operaciones aéreas. El piloto del Mohawk accidentado no habría sumado más de tres al mes. Un aviador con escaso entrenamiento reacciona mal ante las emergencias. Otro asunto espinoso abordado en el expediente judicial es el estado del avión, porque remite al mantenimiento que se ejecuta en los talleres especializados del Ejército. Hay también dudas en cuanto a las razones técnicas que produjeron el «engrane» de uno de los motores. Se trabó justo en el despegue -instante de mayor riesgo porque el aparato no tiene altura- y el piloto no habría resuelto bien la emergencia: poner las hélices en bandera para reducir la resistencia del aire y gobernar el aeroplano con el motor restante, controlando que el torque no empuje al avión haciéndolo girar sobre uno de sus planos -como finalmente habría sucedido- para evitar el choque contra el suelo.

  • Auditoría

    Este diario dio a conocer el resultado crítico de la auditoría que hizo la Universidad de La Plata al parque aéreo de las fuerzas armadas y sus talleres de mantenimiento.

    Recomendaba medidas urgentes porque no se alcanzaban las condiciones de aeronavegabilidad y señalaba falta de presupuesto para sostener el ciclo de mantenimiento planificado en las entidades técnicas responsables.

    Tras la seguidilla de accidentes aéreos que costaron vidas, el gobierno recurrió a asignaciones presupuestarias de emergencia. Insuficientes, pues se trata de encarar un plan logístico metódico, más que interminables explicaciones del subsecretario Gustavo Sibilla ante el Congreso para justificar las deficiencias de gestión.

    En 1998, por unanimidad de todos los bloques en ambas cámaras del Parlamento, fue sancionada la Ley de Reestructuración Militar, que contemplaba destinar durante cinco años consecutivos, y en forma escalonada,alrededor de 100 millonesde dólares para reequipamiento militar. La ley nunca se cumplió ni siquiera en estos años de superávit fiscal de la gestión kirchnerista, una prueba irrefutable del desinterés congénito del gobierno por la temática castrense. Interesa más la expansión de la estructura política con la creación de nuevas secretarías en el ministerio como Perfeccionamiento Educativo para Martín Gras, ex militante montonero que sobrevivió a la ESMA y Asuntos Internacionales asignada a José María Vásquez Ocampo.

    En la gestión de Raúl Alfonsín, las Fuerzas Armadas sufrieron el primero de una larga serie de violentos recortes presupuestarios. La tendencia continuó durante la época menemista y persiste en la actualidad. Entre 1993 y 1994 el gobierno de Menem compró 25 aviones Mohawk, pero en 1999 ya quedaba una decena en condiciones operativas y el resto había pasado a desuso. En la actualidad, sólo seis estaban en servicio. El juez Suares Araujo estaría a punto de anunciar que la caída del avión se debió a una falla técnica seguida de un probable error humano del piloto por deficiencia en el adiestramiento para resolver emergencias. Este último punto traerá consecuencias políticas. ¿Puede achacarse error humano o falta de pericia cuando los fondos asignados para capacitación de los aviadores son escasos o no llegan a las reparticiones operativas? Los jefes militares se ven obligados a sobrellevar el adiestramiento con tan pocas horas de vuelo que bordean los estándares de seguridad recomendados por la OACI (Organización de la Aviación Civil Internacional). Y eso que por la naturaleza de las operaciones aéreas militares, los pilotos de guerra están muy lejos del trabajo que realizan sus colegas de la aviación civil y comercial. El estándar del entrenamiento de vuelo es más exigente y las maniobras se llevan al límite tal como se haría en combate.
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