Los militares creen que ya se fue la generación de uniformados del Proceso y que entonces ahora hay cebamiento extra contra las instituciones armadas. Creen que no había necesidad de designar secretario de Asuntos Militares -se dice que por presión de Horacio Verbitsky- inmediatamente después del ministro de Defensa, José Pampuro, a José María Vázquez Ocampo con posición tomada por ser hijo de Marta Ocampo, una de las fundadoras de las Madres de Plaza de Mayo. Se agrega el efecto que causó que se quiera destinar el edificio de la ESMA a museo solamente de las víctimas de la represión del Estado sin mencionar las de la subversión. A este clima enrarecido se agrega que la oficialidad comenzó a analizar las actitudes a tomar si hay citaciones derivadas de la anulación o inconstitucionalidad -con derivaciones muy diferentes una y otra variante- de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Clima poco constructivo para el país, sin duda.
No está en manos del grupo de funcionarios pasablemente izquierdistas que organiza actos de homenaje a Héctor J. Cámpora modificar el humor de los militares, para estos días. Nadie teme una crisis por un acto que, como el del 11 de marzo, resulta inofensivo como cualquier efemérides. Por más que estos impulsos revisionistas tengan siempre un dejo peyorativo para los militares que tomaron el poder en 1976 y llevaron adelante la represión de la guerrilla, hay tantas divisiones entre los que celebran esa fecha y ellos mismos están tan adormilados con la llegada al poder, que la manifestación misma parece desdentada.
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Tampoco habría que esperar una crisis aguda por la instalación de un Museo de la Memoria en el predio de la Escuela de Mecánica de la Armada, el 24 de marzo. Aunque Jorge Godoy, el jefe de la Armada, haya pensado en renunciar (hasta se debatió en una reunión del almirantazgo un pase a retiro en masa), desde la Casa Rosada ya lo tranquilizaron. El cambio de destino de esas instalaciones, le dijeron, será parcial. Lo que queda de la ESMA terminará de radicarse en Puerto Belgrano, el museo ocupará un par de pabellones pero seguirán funcionando en las 17 hectáreas de Núñez la Escuela Nacional de Náutica, el Liceo Naval y otras instituciones simbólicamente ligadas a la Marina, aunque no revistan naturaleza castrense. Es cierto, tampoco José Pampuro podrá radicarse en esas dependencias, como le sugirió a Néstor Kirchner hace 15 días. Acaso deba volver a su proyecto original y mudarse a Palermo, a los elegantes edificios del Regimiento I de Infantería, sede de Patricios.
• Citaciones
Si los factores de inquietud enumerados hasta aquí van perdiendo, con el paso de los días, el carácter inquietante que tenían para los militares, existen en cambio algunos episodios que pueden encender nuevamente las luces de alarma en los cuarteles. Sucede que en marzo los verdaderos «idus» se relacionan con las citaciones que dos jueces federales podrían comenzar a producir, llamando a Comodoro Py a oficiales retirados o en actividad para declarar en dos megacausas. Una, la denominada «Cuerpo I» por la desaparición de personas que se imputa al personal del Ejército que revistaba en esa jefatura en los '70. La otra es la llamada «Causa ESMA», en la que se investiga lo sucedido en ese instituto de la Marina.
En las jefaturas de las fuerzas existe preocupación por lo que pueda pasar con esas citaciones. Y la inquietud le fue llevada al mismo Pampuro, el ministro, en una de las reuniones de rutina que realiza con los cuatro jefes de Estado Mayor. En una de ellas, uno de los comandantes le hizo notar al ministro que en marzo podría haber un pequeño escándalo si algún uniformado se negaba a presentarse o si esa conducta era asumida por varios de ellos. Ni qué hablar si el paso siguiente es pedir refugio en una unidad militar, que crearía una situación de tensión extrema entre los uniformados y sus conductores civiles. Los jueces que tienen los casos en sus manos, Rodolfo Canicoba Corral y Sergio Torres, se han negado a adelantar cualquier gesto tranquilizador a quienes informalmente se aproximaron para sondearlos sobre sus pasos. Pampuro, entonces, piensa pasar un marzo inquieto. Casi como Roberto Lavagna.
El problema no radica tanto en la forma de conducir del ministro, quien trata de hacer equilibrio desde que llegó al Ministerio, demostrando dotes de trapecista que siempre mantuvo ocultas en los vaivenes de la interna duhaldista. La novedad es que entre los demás superioresde Defensa hay quienes no estándispuestos a tolerar este tipo de insubordinación y se niegan a cualquier negociación.
Es el caso, por ejemplo, de José María Vázquez Ocampo, el subsecretario de Asuntos Militares de la cartera de Pampuro. Encargado directo de la especialidad de la casa, Vázquez Ocampo es el hijo de Marta Ocampo, una de las fundadoras de la asociación de las Madres de Plaza de Mayo. Marcado en su familia por el drama de la desaparición de personas, este funcionario aconseja apretar las clavijas de una gestión pacifista como la de Pampuro.
• Mal menor
La llegada de Vázquez Ocampo se produjo, según el ministro, para evitar un mal mayor. El ex secretario de Eduardo Duhalde temió que, a instancias -según dicen-del periodista Horacio Verbitsky, se designara como viceministro a Marcelo Saín, aquel colaborador de Juan Pablo Cafiero en la provincia de Buenos Aires que dijo que la dirigencia del conurbano se financiaba con dinero proveniente de la delincuencia a través de la Policía (Pampuro es un conspicuo duhaldista, como se sabe).
En el intento por evitar a Saín, Pampuro debió aceptar que un escalón más abajo le coloquen a Vázquez Ocampo. En lugar de Saín designó al moderado Jaime Garreta, carta que juega delante de los comandantes cuando le manifiestan su inquietud por el subsecretario para temas militares.
Si se diera crédito a la información que circula en Defensa, hay que admitir que Verbitsky ha evolucionado mucho desde los '70: antes pensaba en implosionar el Edificio Libertador, ahora decidió tomarlo a través de sus funcionarios. Mientras el pac-man se queda con el Ministerio, sus ex compañeros de hace 30 años ven la forma de incluirse en el Billiken. Es lo que habría que pensar si fuera cierto que también el jefe de Gabinete de Pampuro, Ernesto López, colega de Chacho Alvarez en la Universidad de Quilmes, llegó a la oficina de Pampuro con la misma carta de recomendación.
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