28 de diciembre 2004 - 00:00

Jueces autorizan salida del país

Carlos Menem demoró 30 minutos en los Tribunales de Comodoro Py. Se retiró sabiendo que podía abandonar el país sin temores: los dos jueces que ordenaron su captura internacional accedieron a otorgarle la autorización para viajar a Chile desde el 29 de diciembre hasta el 25 de enero.

A las 10 en punto, el ex presidente llegó al despacho del juez Norberto Oyarbide. Le tendió la mano y le dijo que estaba a disposición de la Justicia.

El juez lo invitó a sentarse y le leyó el contenido de un acta en el que Menem asumía el compromiso de no ausentarse «sin autorización del juzgado» y de concurrir «cada vez que sea citado por el juez bajo apercibimiento de revocarse el beneficio de eximición de prisión en caso de incumplimiento». El riojano estampó allí su firma.

Oyarbide
, entonces, le comunicó que había recibido -vía Cancillería- un informe de la Justicia suiza que confirmaba la veracidad del dictamen de la jueza Christine Junod que declaraba la inexistencia de cuentas a su nombre que hayan tenido movimientos de fondos durante su gobierno. Ese documento lo aportó la semana pasada el estudio Salvi al juzgado de Oyarbide.

El juez le confió al ex presidente que al no existir la supuesta cuenta suiza debía sobreseerlo. Pero le adelantó que postergaría esa definición a la espera de un nuevo informe de la Justicia suiza sobre el movimiento de cuentas de 56 personas sospechadas de actuar como presuntos testaferros en la causa en la que investiga el delito de «omisión maliciosa» en su declaración jurada de bienes.

Muy sereno, Menem se limitó a escucharlo. Luego le presentó dos escritos: uno desistiendo de la apelación al monto de la caución de 3 millones de pesos y otro solicitando la autorización para salir del país desde mañana hasta el 25 de enero. Oyarbide está dispuesto a concederlo, pero hizo partícipe de la decisión a Carlos Stornelli. El fiscal todavía no emitió opinión, pero es de suponer que rechazará la solicitud de Menem. Antes se opuso a concederle la eximición de prisión, a pesar de lo elevado del monto de la caución que se le fijó.

De traje beige, camisa blanca, corbata y mocasines al tono, el riojano dejó el despacho de Oyarbide 20 minutos después de las 10.

Durante su paso del terceroal cuarto piso del edificio de Comodoro-Py fue acompañado por una decena de custodios y policías y un número similar de amigos. Además del abogado
Pedro Baldi, estaban Luis Rubeo, el ex senador Héctor Maya y el ex ministro Julio César Aráoz.

Con
Urso estuvo cinco minutos. La última vez que Menem y Urso se vieron las caras fue a mediados de 2001, cuando el juez que investigaba la venta ilegal de armas al exterior lo llamó a su despacho y le dijo: «Doctor, está usted detenido».

Esta vez el encuentro fue distinto. «Fue más animado y cordial», según confiaron los espectadores de ese exclusivo momento.

A
Menem le llevó escasos segundos suscribir ante Urso un documento similar al que firmó en el despacho de Oyarbide.

Al juez que lo investiga por supuestas irregularidades cometidas en la contratación de obras para dos cárceles bonaerenses también le pidió permiso para abandonar el país.

Urso fue más expeditivo y le otorgó la autorización al instante.

Los dos jueces que buscaron la detención de
Menem durante ocho meses dejaron para febrero un eventual llamado a indagatoria.

Mientras el riojano cumplía con el riguroso trámite, afuera tronaban los bombos. Las murgas invitaban al baile y los petardos estallaban al son del grito
«Menem-Menem-Menem». Unos 400 manifestantes se apostaron sobre la calle Comodoro Py para hacer sentir su respaldo al ex presidente. El júbilo de la muchedumbre fue seguido muy de cerca por 100 efectivos de la Guardia de Infantería, que fueron divididos en 10 grupos de combate, y 100 policías de calle. Todos estaban sin armas de fuego y fueron enviados como prevención ante posibles incidentes. Nada ocurrió. No hubo violencia. Sólo la desazón de algunos militantes que tenían la esperanza de que Menem saliera del edificio de Tribunales y se acercara a saludarlos. Quizá por cautela o para no alimentar el celo de los jueces, el ex presidente prefirió irse en el más absoluto silencio, tal como había llegado.

El raudo paso de un Renault negro dejó atrás a los eufóricos simpatizantes menemistas, de las agrupaciones denominadas El Aguante, Militancia de Pie y Hugo Del Carril, que llevaban carteles, pancartas y remeras impresas con la consigna «¡ Menem vuelve!».

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