- ámbito
- Judiciales
Jueces autorizan salida del país
Oyarbide, entonces, le comunicó que había recibido -vía Cancillería- un informe de la Justicia suiza que confirmaba la veracidad del dictamen de la jueza Christine Junod que declaraba la inexistencia de cuentas a su nombre que hayan tenido movimientos de fondos durante su gobierno. Ese documento lo aportó la semana pasada el estudio Salvi al juzgado de Oyarbide.
Durante su paso del terceroal cuarto piso del edificio de Comodoro-Py fue acompañado por una decena de custodios y policías y un número similar de amigos. Además del abogado Pedro Baldi, estaban Luis Rubeo, el ex senador Héctor Maya y el ex ministro Julio César Aráoz.
Con Urso estuvo cinco minutos. La última vez que Menem y Urso se vieron las caras fue a mediados de 2001, cuando el juez que investigaba la venta ilegal de armas al exterior lo llamó a su despacho y le dijo: «Doctor, está usted detenido».
Esta vez el encuentro fue distinto. «Fue más animado y cordial», según confiaron los espectadores de ese exclusivo momento.
A Menem le llevó escasos segundos suscribir ante Urso un documento similar al que firmó en el despacho de Oyarbide.
Al juez que lo investiga por supuestas irregularidades cometidas en la contratación de obras para dos cárceles bonaerenses también le pidió permiso para abandonar el país.
Urso fue más expeditivo y le otorgó la autorización al instante.
Los dos jueces que buscaron la detención de Menem durante ocho meses dejaron para febrero un eventual llamado a indagatoria.
Mientras el riojano cumplía con el riguroso trámite, afuera tronaban los bombos. Las murgas invitaban al baile y los petardos estallaban al son del grito «Menem-Menem-Menem». Unos 400 manifestantes se apostaron sobre la calle Comodoro Py para hacer sentir su respaldo al ex presidente. El júbilo de la muchedumbre fue seguido muy de cerca por 100 efectivos de la Guardia de Infantería, que fueron divididos en 10 grupos de combate, y 100 policías de calle. Todos estaban sin armas de fuego y fueron enviados como prevención ante posibles incidentes. Nada ocurrió. No hubo violencia. Sólo la desazón de algunos militantes que tenían la esperanza de que Menem saliera del edificio de Tribunales y se acercara a saludarlos. Quizá por cautela o para no alimentar el celo de los jueces, el ex presidente prefirió irse en el más absoluto silencio, tal como había llegado.
El raudo paso de un Renault negro dejó atrás a los eufóricos simpatizantes menemistas, de las agrupaciones denominadas El Aguante, Militancia de Pie y Hugo Del Carril, que llevaban carteles, pancartas y remeras impresas con la consigna «¡ Menem vuelve!».


Dejá tu comentario