10 de febrero 2004 - 00:00

"Piquetruchos": le ofrecen a Aníbal Fernández su propia bebida

En efecto, los fieles del caudillo de Lomas de Zamora se preparaban anoche para hacer una batucada-escrache en la puerta de la casa de Fernández, en Quilmes. La razón es que el hombre del ministro al frente de la comuna, el intendente y ex chofer de Fernández, Sergio Villordo, expulsó de la municipalidad a una cantidad de empleados que ahora, transformados en piqueteros, quieren explicaciones y subsidios.


Es muy temprano para discutir candidaturas. Así reza el slogan oficialista en estos días, cuando se pregunta por los desembarcos del gabinete en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, cuando alguien insinúa alguna propuesta como para competir en el PJ bonaerense desde fuera del duhaldismo, el aparato de punteros se eriza y el comedido debe sufrir las consecuencias.

La próxima víctima de ese mecanismo será, casi seguramente, Aníbal Fernández, el ministro del Interior. Fernández tenía previsto lanzarse en busca del kit «senaduría 2005/ gobernación 2007» el próximo mes. Contaba, decían sus amigos, con el aval de Néstor Kirchner. Y debía ser cierto. Sin embargo, el Presidente se encontró con Eduardo Duhalde en Madrid y selló un pacto provisorio, pero efectivo para el corto plazo: Fernández postergaría su sueño, igual que no se hablaría más del otro desembarco de ese apellido en el distrito, encarnado en Cristina, la senadora y primera dama. «Cuando vuelva a Buenos Aires, voy a hablar con Aníbal para explicarle que no le conviene hacer lo que va a hacer, tan temprano», dijo el ex presidente a un amigo, mientras caminaba por el Paseo de la Castellana. Enternecedor el modo en que Duhalde cuida los intereses de quienes lo desafían. Se notará hoy.

En efecto, los fieles del caudillo de Lomas de Zamora se preparaban anoche para hacer una batucada-escrache en la puerta de la casa de Fernández, en Quilmes. La razón es que el hombre del ministro al frente de la comuna, el intendente y ex chofer de Fernández, Sergio Villordo, expulsó de la municipalidad a una cantidad de empleados que ahora, transformados en piqueteros, quieren explicaciones y subsidios. «¿Para qué vamos a ir a lo de Villordo si el que maneja todo es Aníbal?», preguntan, pícaros, estos desempleados con tonada duhaldista. Como es sabido, en Quilmes están radicados algunos custodios importantes de los intereses duhaldistas, empezando por Eduardo Camaño (quien está por terminar una obra impresionante por lo grande y, sobre todo, por lo desconocida, en un anexo de la Cámara de Diputados).

• Bumerán

Es llamativo cómo funciona en la política el efecto bumerán. En 2002, Carlos Reutemann denunció que desde el gobierno nacional lo hostigaban con piqueteros que no tenían otra finalidad que desestabilizarlo a él en la provincia de Santa Fe para, después, disciplinarlo políticamente en la interna del PJ. Apuntó con aquella denuncia al entonces secretario general de la Presidencia, Aníbal Fernández. Se explica en que siempre se le imputó a Aníbal la conexión del duhaldismo (y, sobre todo, de Carlos Ruckauf, de quien fue ministro de Trabajo) con las organizaciones de desocupados. Ahora, al parecer, le estarían haciendo probar de su propio brebaje, los «piquetruchos». Es decir, desocupados que sirven con sus reclamos y manifestaciones a las internas de partidos.

Nadie podría afirmar, como hizo Reutemann con Fernández en aquel momento, que la mano de Duhalde se mueve detrás de esta manifestación que, por carácter transitivo con el intendente, le organizan al ministro en la puerta de su casa. De todos modos, es posible que el duhaldismo quiera hacer «tronar el escarmiento», por decirlo con una frase agradable a Juan Perón. En 2005, la candidatura a senador tiene dueña: Hilda Chiche Duhalde, quien no quiere de nuevo ser burlada por otro de los jóvenes turcos que en su momento prohijó su marido. Con Felipe Solá colmó su paciencia la esposa del ex presidente.

El mensaje lo recibirá Fernández, pretende en la superficie llegar al intendente y, en realidad, tiene por destinatario a Kirchner. Durante años, la dirigencia del PJ porteño debió tolerar que los gabinetes nacionales se convirtieran en viveros de candidatos a diputados de las listas locales. Está llena de ejemplos la democracia de estos últimos 20 años: Dante Caputo, Erman González, Avelino Porto, Raúl Granillo Ocampo, Gustavo Béliz fueron, entre otros, figuras nacidas a la fama por un decreto presidencial que después se probaban electoralmente entre los porteños. Duhalde pretende que ese modus operandi no se extienda al territorio bonaerense, es decir, que Kirchner no convierta a su gabinete en un laboratorio de candidatos que crucen el Riachuelo sin permiso. En el caso de Fernández, la operación es sibilina: para la opinión pública no demasiado informada, el ministro sigue siendo un duhaldista. Aunque nunca lo fue enteramente y aunque haya pasado a la vereda de enfrente un día de mayo en que, por radio, censuró el decreto de renegociación del contrato de concesión de Aeropuertos Argentina 2000 que suscribió Duhalde (y que él mismo había firmado por imposición del ex presidente).

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