22 de octubre 2002 - 00:00

Sigue el dilema por pesificación

Tampoco la salida de Gustavo Bossert de la Corte Suprema de Justicia definirá la pulseada interna por la pesificación. Precisamente, fue uno de los jueces que provocó la ira de sus pares por haberse excusado de tratar este tema clave para el gobierno y su plan económico, argumentando tener dinero en el «corralito».

Su mayor crítico, Adolfo Vázquez, le enrostró haber firmado causas anteriores antes del caso Smith, cuando se negó a suscribir junto con Enrique Petracchi por ser parte directa de la causa en cuestión. Sin Bossert y sin Adolfo Vázquez, la Corte deberá designar a dos conjueces, como se anunció en un principio y luego se diluyó por la acción de Augusto Belluscio y Carlos Fayt, que pidieron tiempo para estudiar los casos Beraz, Acerbo y Saber, que se encuentran en la Corte.

Sin embargo, el viernes estos dos jueces y Antonio Boggiano, cada día más alejado de la llamada mayoría automática, quisieron imponer un fallo que paralizaba los amparos y beneficiaba la pesificación.

Pero Julio Nazareno, Eduardo Moliné O'Connor -firmó antes de viajar al exterior-, Guillermo López y Vázquez cerraron filas y de nuevo la situación quedó cuatro a tres en contra de la pesificación. Este jueves se tratará de designar conjueces pero el espinoso tema no será definido hasta el regreso de Moliné O'Connor.

Si bien ya se conocía con anticipación, aun antes de que se cerrara el juicio político, la renuncia de Bossert a su cargo en la Corte sorprendió a la mayoría de sus pares y tejió un manto de sospechas sobre la intencionalidad última de la dimisión. También provocó malestar por el procedimiento de habérsela presentado primero a Eduardo Duhalde y recién después a Nazareno y al resto de los ministros del máximo tribunal, una actitud que se leyó como un gesto más de diferenciación y, por consecuencia, provocar una nueva embestida contra el resto. Por eso, desde su oposición en la Corte, se dejó trascender que Bossert se había excusado en 3.007 causas contra sólo 17 de Adolfo Vázquez, quien en las últimas horas lideró la posición crítica contra el ahora renunciante juez.

Pero nadie creyó que las peleas públicas con Vázquez sean el verdadero detonante de su renuncia como tampoco son muchos, en esas instancias, que adhieren al cansancio moral que esgrimió Bossert ante Duhalde. Su íntima relación política con los radicales de Raúl Alfonsín -aunque sus orígenes están en la Democracia Progresista de Santa Fe-, que lo hizo nombrar juez de la Corte como consecuencia de los acuerdos derivados del Pacto de Olivos, hizo recrear ayer distintas fantasías en un ámbito demasiado susceptible a las conspiraciones. Pese a que no se habló de otras renuncias, los jueces esperan nuevos ataques políticos.

Tampoco se cree que la renuncia de Bossert arrastre a Carlos Fayt. El veterano magistrado, pese a engrosar la línea más cercana al pensamiento del gobierno en materia económica, ni quiere oír de su posible jubilación. Lo de Bossert es probable que se cierre con él mismo porque tampoco Antonio Boggiano, un jurista que no pierde las esperanzas de cubrir un cargo internacional, parece dispuesto a irse si antes no se lo compensa con una distinción de esa jerarquía.

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