13 de noviembre 2006 - 00:00

Un ayatollah con raro interés en planes nucleares

Rodolfo Canicoba Corral
Rodolfo Canicoba Corral
El ayatollah Ali Akbar Hashemi Rafsanjani, uno de los hombres cuya captura internacional por el atentado a la AMIA pidió el juez Rodolfo Canicoba Corral, es mucho más que un mero ex presidente de Irán. Se trata de uno de los líderes históricos de la Revolución Islámica de 1979 y es aún hoy uno de los dirigentes más poderosos en Teherán. Pedir su captura supone un desafío demasiado pesado. Su vigencia política se expresó el año pasado en la carrera presidencial, cuando perdió en segunda vuelta con el actual mandatario, el ultraislamista Mahmud Ahmadijenad, aunque el respaldo que recibió no lo descarta para una futura carrera: 36% de los votos.

Pero esa vigencia excede lo electoral y es en realidad institucional, lo que está dado por su actual condición de presidente de la tercera institución en importancia del régimen. Y por su rol protagónico, ayer y hoy, en la apuesta estratégica más ambiciosa y controvertida del régimen: su plan nuclear. Nacido en 1934, estudió religión con el ayatollah Ruhollah Khomeini, el fundador de la República Islámica, en la ciudad santa chiita de Qom. Resistió al régimen monárquico, actividad por la que fue preso en varias ocasiones. Fue un protegido de Khomeini, quien lo puso al margen de cualquier investigación por los coletazos del escándalo Irán-contras, a los que Teherán no estuvo ajeno, y hasta por denuncias de enriquecimiento ilícito. Tanto lo fue, que a la muerte del patriarca de la revolución era uno de los hombres más mencionados en círculos occidentales para sucederlo como guía espiritual, autoridad máxima del régimen, pelea interna que finalmente perdió con el ayatollah Ali Khamenei. Fue, efectivamente, presidente durante dos períodos entre 1989 y 1997, etapa posterior a la guerra con Irak que estuvo marcada por una consolidación del régimen hacia el interior y por un relativo abandono de su pretensión de exportar la revolución fundamentalista a todo el mundo islámico.

Una de sus decisiones más importantes fue relanzar el programa nuclear abandonado por Irán tras la caída del shah, para lo cual revirtió la postura tradicional de Khomeini, que consideraba que dicho desarrollo era «antiislámico».

Dicho plan contaría con la Argentina, Rusia y China como proveedores, pero la presión de EE.UU. impidió la continuación de dicha colaboración, sobre todo por parte de nuestro país desde 1991, dato que fue señalado por el fiscal Alberto Nisman como causa directa de la supuesta orden del régimen teocrático de volar la AMIA. Por otra parte, durante su mandato consolidó su imagen de « conservador pragmático», avanzando hacia una economía menos controlada por el Estado y alejándose sutilmente de las interpretaciones más extremas de la sharia, la ley islámica. La política iraní no está organizada sobre la base de partidos políticos a la manera occidental -no están permitidos-, sino en torno a «clubes políticos», estructuras más informales, dadas más por la pertenencia familiar o regional que por verdaderas diferencias ideológicas.

  • Primer plano

  • En ese contexto, explica Luciano Zaccara en su libro «Los enigmas de Irán», Rafsanjani es la cabeza de la Sociedad del Clero Combatiente, «donde militaban entre otros Hassan Rohani, voz iraní en las negociaciones nucleares con la 'troika' europea». Como se ve, la figura del influyente ayatollah aparece otra vez en el primer plano de la cuestión nuclear, eje hoy de un severo diferendo entre Irán y la comunidad internacional.

    El régimen revolucionario se ha institucionalizado de una manera compleja e intrincada, que escapa a la tradicional división entre Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial legada a Occidente por Montesquieu. En ese marco, Rafsanjani preside desde su salida de la Presidencia en 1997 el Consejo de Discernimiento de los Intereses del Sistema, particular nombre bajo el que funciona la tercera institución en importancia del Estado iraní. Este cuerpo se encarga de «discernir la conveniencia del sistema y del Estado», según el libro de Zaccara, esto es la discusión de las grandes líneas estratégicas, entre ellas hoy -otra vez-, la cuestión nuclear y las complejas negociaciones internacionales al respecto.

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