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Un testigo anónimo era procesado por crímenes
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Ante el juez Galeano, Solari formuló una sorprendente declaración en la que dio detalles de un encuentro reservado en una vivienda de Bella Vista, en donde vio los planos de la AMIA que fueron robados de la Municipalidad, explosivos, armas de guerra y la camioneta Trafic. Para ser más convincente en su testimonio dijo en esa reunión estaba un ex capitán carapintada, y los iraníes Husaim Audi y otro de apellido Hassam. Pese a la aparente contundencia de su declaración el juez Galeano no ordenó ningún allanamiento, aunque sí lo hizo dos meses después cuando le indicó a la SIDE que investigara el lugar.
Meses después, en una investigación ordenada por la jueza Lombardini (que nada tenía que ver con la causa AMIA) se comprobó que en ese lugar vivía una mujer que integraba la banda comandada por Solari, que había sido brutalmente asesinada y quemada en un aparente ajuste de cuentas.
En cuantos a los iraníes, se estableció que éstos habían sido detenidos y luego puestos en libertad por el propio Galeano por «falta de mérito» y que no tenían relación con el atentado terrorista. Solari obtuvo sus nombres de los diarios en donde aparecía relatada la detención de los dos hombres, según dijo ayer Rago.
Pero Solari aportó un poco más a su historia para que fuera verídica. Ante la Comisión Bicameral dijo que un grupo de policías le dio instrucciones para que declare con el objetivo de desviar la investigación. Y apuntó sus acusaciones no sólo contra Rago sino también contra el ex comisario Juan José Ribelli y los policías Mario Bareiro e Irineo Leal.
El juez Galeano recién advirtió la mentira tres años después del atentado, cuando en octubre de 1997 obtuvo el testimonio de quienes habitaron la casa mencionada por Solari. Nunca hubo allí ni una Trafic ni explosivos.
Solari está detenido en la cárcel de Sierra Chica, desde donde todavía acostumbra a realizar algunos llamados a diputados para interesarlos en su versión sobre el atentado a la AMIA.


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