19 de octubre 2001 - 00:00

Un testigo anónimo era procesado por crímenes

El juicio por el ataque terrorista a la mutual judía AMIA mostró ayer la cara absurda de la investigación. Un testigo de identidad reservada presentado en su momento como «clave» para la resolución del atentado resultó ser un delincuente procesado por triple homicidio y acusado de ser el autor de la denominada «matanza de Benavídez».

La increíble historia fue revelada por Jorge Horacio Rago, un ex policía imputado de presunta asociación ilícita en el ataque antijudío.

El intrépido testigo (que fue puesto bajo protección por el juez federal Juan José Galeano e identificado con el legajo 13 A), montó una verdadera escena en la que se incorporó declaraciones de convictos vinculados al narcotráfico y acusaciones de células terroristas integradas por carapintada de extrema derecha y policías bonaerenses.

El relato del testigo 13 A no sólo hipnotizó al juez federal Galeano, sino que también llegó a cautivar a los fiscales y diputados de la comisión de seguimiento del atentado a la AMIA, que durante dos años estuvieron pendientes de sus dichos. Como premio a su esfuerzo por « ayudar a la verdad» el testigo protegido, consiguió el beneficio de un lugar de alojamiento especial en la cárcel de Caseros, recibir visitas a cualquier hora y en cualquier día y, además, almorzar algunas veces en el los tribunales porteños. En ese lugar también se encontraba detenido Carlos Telleldín.

• Identificado

Rago, ex subcomisario de la Brigada de Vicente López, exonerado de la Policía Bonaerense y detenido en julio de 1996, declaró más de cinco horas sobre este testigo que alcanzó la calificación de « muy importante» para la Justicia durante la etapa de instrucción.

Apoyando sus declaraciones en documentación que figura en la causa, el ex subcomisario identificó al testigo 13 A como Ramón Emilio Solari de 40 años, 25 de los cuales lo pasó en la prisión, y con antecedentes de delincuente peligroso.

Ante el juez
Galeano, Solari formuló una sorprendente declaración en la que dio detalles de un encuentro reservado en una vivienda de Bella Vista, en donde vio los planos de la AMIA que fueron robados de la Municipalidad, explosivos, armas de guerra y la camioneta Trafic. Para ser más convincente en su testimonio dijo en esa reunión estaba un ex capitán carapintada, y los iraníes Husaim Audi y otro de apellido Hassam. Pese a la aparente contundencia de su declaración el juez Galeano no ordenó ningún allanamiento, aunque sí lo hizo dos meses después cuando le indicó a la SIDE que investigara el lugar.

Meses después, en una investigación ordenada por la jueza
Lombardini (que nada tenía que ver con la causa AMIA) se comprobó que en ese lugar vivía una mujer que integraba la banda comandada por Solari, que había sido brutalmente asesinada y quemada en un aparente ajuste de cuentas.

En cuantos a los iraníes, se estableció que éstos habían sido detenidos y luego puestos en libertad por el propio
Galeano por «falta de mérito» y que no tenían relación con el atentado terrorista. Solari obtuvo sus nombres de los diarios en donde aparecía relatada la detención de los dos hombres, según dijo ayer Rago.

Pero
Solari aportó un poco más a su historia para que fuera verídica. Ante la Comisión Bicameral dijo que un grupo de policías le dio instrucciones para que declare con el objetivo de desviar la investigación. Y apuntó sus acusaciones no sólo contra Rago sino también contra el ex comisario Juan José Ribelli y los policías Mario Bareiro e Irineo Leal.

El juez
Galeano recién advirtió la mentira tres años después del atentado, cuando en octubre de 1997 obtuvo el testimonio de quienes habitaron la casa mencionada por Solari. Nunca hubo allí ni una Trafic ni explosivos.

Solari
está detenido en la cárcel de Sierra Chica, desde donde todavía acostumbra a realizar algunos llamados a diputados para interesarlos en su versión sobre el atentado a la AMIA.

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