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Visitantes a Don Torcuato reactivan el comercio chico
Tony, también conocido como « el Tano», está contento con su puesto de comestibles. Hace un año que está sin trabajo estable y ronda los cuarenta y pico. « Nadie te toma a esta edad, porque siempre piden que tengas menos de 30 y 20 de experiencia», ironiza. Con la misma espontaneidad, se jacta de que en el barrio « me conocen bien». Dice que hace tiempo que vende comida por la calle. Luce un delantal blanco de cocinero y una gama de productos que lo diferencian de la competencia más próxima.
A las 12, antes de que llegue Julio Mera Figueroa y los cronistas se abalancen sobre el auto que transporta al ex ministro, difunde las bondades de las empanadas de carne a $ 0,50 o sándwiches de milanesa a $ 1,50 que ayuda a digerir con botellas de gaseosas de marcas alternativas, al mismo precio del café.
Alejandra, su modesta challenger ubicada a escasos 20 metros, no se aparta del carrito de su bebé, mientras atiende una parada más modesta de comida al paso. Sentada en una silla plegable, explica que tarda poco más de una hora en cocinar las empanadas de carne a las que acompaña con las gaseosas que vende en vasos de plástico descartable. Fernando interviene para acotar que «siempre estamos con ella desde las 11.30». De pocas palabras, Alejandra parece veinteañera igual que su amigo de gorra pero de carácter extrovertido. « Hoy traje 2 docenas de empanadas y vendimos mucho, casi como el fin de semana», hace un balance optimista del lunes, al mismo tiempo que repasa con la vista un tupper forrado con servilletas de papel donde guarda la mercadería. Los pastelitos de batata y membrillo no tuvieron tanto suceso.
Los comerciantes de la zona apenas perciben un repunte en los índices de comercialización y se divierten con esta versión en escala de aquel eslogan «Menem lo hizo». En la parrilla Parador Alvear, donde se come una parrillada para 2 y una gaseosa familiar por $ 8, revelan que en la víspera tuvieron más ventas que otros lunes, pero nada que los conmueva demasiado. El fuerte del local está en los cena-shows, protagonizados en la mayoría de los casos por cantantes de la bailanta como Daniel Agostini, ex líder del grupo Sombras, que se presentó el último viernes.
En la farmacia más cercana al presidio doméstico de Menem, protestan con ironía por la buena salud que gozan los fotógrafos y cronistas que montan guardia, así como de los simpatizantes que concurren a Don Torcuato. «No vendimos ni una aspirina más», se lamenta la dueña. Hasta la irrupción de los vendedores ambulantes, en la estación de servicio Eg3 -ubicada enfrente de la quinta- habían duplicado la salida de comestibles y bebidas del autoservicio.


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