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8 de febrero 2023 - 00:00

“La casa invita”: gozoso paseo por épocas y estilos

La galería Smart presentó una exhibición heterogénea donde conviven Antonio Berni, Oscar Bony, Mildred Burton, Juan Grela y Miguel Ocampo.

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oscar bony. Una de las obras del artista misionero que fue pintor de vanguardia y fotógrafo.

La galería Smart presentó la semana pasada “La casa invita”, una exhibición donde, por un lado, los anfitriones, la galerista Mariela Mayorga, la curadora Tamara Alarcón Castrillejo y los artistas del actual staff (Natalia Cacchiarelli, Valeria Maculan, Verónica Romano, Elisa Strada, Juan Astica, Hernán Paganini, Julián Prebisch, Hernán Salamanco, Andrés Sobrino), presentan una selección de obras de Antonio Berni, Oscar Bony, Mildred Burton, Juan Grela y Miguel Ocampo. Los invitados llegaron con pinturas de primer nivel, se encuentran dispersos por las salas y entablan un diálogo franco con los dueños de casa, más allá de las diferencias que marcan épocas y estilos distantes.

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El texto de la curadora invita al espectador a encontrar algunas afinidades, cuando dice: “Son imágenes como objetos históricos de una reunión anacrónica de la historia del arte argentino. Como en toda familia hay parentescos evidentes y otros no tanto. A veces confunde la semejanza de uno con otro que no tiene estrictamente una herencia de sangre, pero son cosas que ocurren en los sistemas y no es raro que el menor parezca que tiene la cara del tío abuelo. Sin embargo, no hay intención de generar confusiones, por el contrario, la invitación es para abrirnos y apreciar la multiplicidad de ecos que emergen de las obras respetando su propia singularidad e intentar una manera de mirar que, en vez de apelar al pasado escrito del relato conocido, nos abra al tiempo de la memoria que es por definición dispar, heterogéneo, esquivo de la cronología”.

Alarcón Castrillejo, la curadora, plantea las cuestiones que Georges Didi Huberman indaga en su libro “Ante el tiempo”, donde señala cuál es la dimensión de las imágenes a través del tiempo, mientras cuestiona qué hay de nuevo en lo arcaico y qué hay de antiguo en lo moderno o contemporáneo. Y allí, en la muestra, está toda esa diversidad temporal de las obras, ocupando el espacio justo, el que por sus propias virtudes reclama. Hay afinidades que unen a artistas dispares, como a Hernán Salamanco que, con su loro gigantesco, aparece ligado a Mildred Burton, cuya manzana surrealista navega en un lago siniestro. Y ambos, Salamanco y Burton, comparten la selva. Otro encuentro notable es el de Juan Grela y Valeria Maculan, separados por el tiempo y la distancia y, sin embargo, reunidos por la simpatía de sus dulces personajes.

Luego, las técnicas empleadas generan encuentros y desencuentros. Un mismo artista invitado, Oscar Bony, presenta dos cuadros que pueden contemplarse como un díptico; ambos poseen el mismo tamaño y representan el cielo. Pero “La corrupción del tiempo” es una fotografía que parece una pintura, y el óleo barnizado de la serie “Cielos”, es semejante a una fotografía. La obra de Bony no es fácil de encontrar y estos paisajes celestiales, sumados a una rosa de la época en la cual pintaba flores de gran formato como Georgia O’ Keeffe, bien valen una visita a la galería. Los curadores Marcelo Pacheco y el italiano Giancinto Di Pietrantonio, quien en 1988 destacó la “soltura para pasar de un estilo a otro” y la “habilidad para el transformismo” de Bony, investigaron su inusual capacidad para dar por terminada una serie y reinventarse.

En la última sala dialogan dos pinturas evanescentes de Miguel Ocampo y tres de pequeño formato con motivos orgánicos de Julián Prebisch, el encuentro en este caso se puede descubrir en ciertos matices afines del color, en los grises verdosos y azulados. Desafiante, la curadora sostiene que a la galería de la Avenida Alvear podría ingresar “un historiador de corbata y decir que esto es un error, que es incongruente establecer este tipo de relaciones caprichosas”. Y a modo de respuesta, sostiene: “En la paradoja del devenir histórico, lo que sobrevive es la imagen, es la obra de arte arrinconada en un caserón viejo, heredada, desempolvada y redimida”. La vida del arte es más extensa que la del hombre, tiene más de pasado y porvenir y esta es la lección que dejan los encuentros de la muestra.

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