27 de enero 2023 - 09:00

Cerebro: el manejo de las emociones puede prevenir problemas neurodegenerativos

La Universidad de Ginebra descubre que controlar las emociones negativas previene el deterioro cerebral. Conocé qué demostró el estudio.

Deterioro cerebral. 

Deterioro cerebral. 

Los neurocientíficos de la Universidad de Ginebra (UNIGE) estudiaron la activación del cerebro de los adultos cuando se enfrentan al sufrimiento psicológico. El estudio demostró que el exceso de emociones negativas puede afectar gravemente al cerebro.

El manejo de emociones puede prevenir el deterioro cerebral

Del estudio, que fue publicado en la revista científica Nature Aging, se dedujo que cuanto mejor se manejen las emociones, se podrá prevenir mejor el envejecimiento patológico. Es decir, que las emociones negativas, la ansiedad y la depresión promueven la aparición de enfermedades neurodegenerativas y demencia.

El impacto en el cerebro de las emociones

En los últimos 20 años, los neurocientíficos observaron cómo reacciona el cerebro a las emociones. "Estamos empezando a entender lo que sucede en el momento de la percepción de un estímulo emocional", explica la Olga Klimecki, investigadora del Centro Suizo de Ciencias Afectivas de UNIGE y del Deutsches Zentrum für Neurodegenerative Erkrankungen, última autora de este estudio realizado como parte de un proyecto de investigación europeo codirigido por la UNIGE.

Por otro lado la especialista agregó: "Sin embargo, lo que sucede después sigue siendo un misterio. ¿Cómo cambia el cerebro de una emoción a otra? ¿Cómo vuelve a su estado inicial? ¿Cambia la variabilidad emocional con la edad? ¿Cuáles son las consecuencias para el cerebro de una mala gestión de las emociones?".

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La psicología realizó estudios previos que demostraron que la capacidad de cambiar las emociones rápidamente es beneficiosa para la salud mental. Por el contrario, las personas que no pueden regular sus emociones y permanecen en el mismo estado emocional durante mucho tiempo tienen un mayor riesgo de depresión.

"Nuestro objetivo era determinar qué huella cerebral queda tras el visionado de escenas emocionales, para evaluar la reacción del cerebro y, sobre todo, sus mecanismos de recuperación. Nos enfocamos en los adultos mayores, para identificar posibles diferencias entre el envejecimiento normal y el patológico”, dice Patrik Vuilleumier, profesor del Departamento de Neurociencias Básicas de la Facultad de Medicina y del Centro Suizo de Ciencias Afectivas de la UNIGE, codirector del trabajo.

La diferencia entre cada cerebro

"Las personas mayores generalmente muestran un patrón diferente de actividad cerebral y conectividad que las personas más jóvenes", explica Sebastián Báez Lugo, investigador del laboratorio de Patrik Vuilleumier y primer autor del trabajo.

"Esto es particularmente notable en el nivel de activación de la red de modo predeterminado, una red cerebral que se activa mucho en estado de reposo. Su actividad se ve frecuentemente interrumpida por la depresión o la ansiedad, lo que sugiere que está involucrada en la regulación de las emociones. En los adultos mayores, parte de esta red, la corteza cingulada posterior, que procesa la memoria autobiográfica, muestra un aumento en sus conexiones con la amígdala, que procesa importantes estímulos emocionales. Estas conexiones son más fuertes en sujetos con altos puntajes de ansiedad, rumiación o pensamientos negativos", añade.

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Sin embargo, las personas mayores tienden a regular mejor sus emociones que las personas más jóvenes y se enfocan más fácilmente en los detalles positivos, incluso durante un evento negativo. Pero los cambios en la conectividad entre la corteza cingulada posterior y la amígdala podrían indicar una desviación del fenómeno de envejecimiento normal, acentuado en personas proclives a la ansiedad o los pensamientos negativos. La corteza cingulada posterior es una de las regiones más afectadas por la demencia, lo que implica que la presencia de estos síntomas podría aumentar el riesgo de enfermedad neurodegenerativa.

Sebastián Báez Lugo sostiene que la hipótesis "es que las personas más ansiosas no tendrían o tendrían menos capacidad para el distanciamiento emocional. El mecanismo de la inercia emocional en el contexto del envejecimiento se explicaría entonces por el hecho de que el cerebro de estas personas permanece ‘congelado’ en un estado negativo al relacionar el sufrimiento de los demás con sus propios recuerdos emocionales".

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