Durante años, la iluminación de interiores quedó dominada por los techos cubiertos de focos LED distribuidos como un tablero, pensados para “resolver” de un solo golpe las necesidades de nuestro hogar.
Los diseñadores impulsan propuestas con luz cálida, apliques visibles y lámparas decorativas como protagonistas de livings, estudios y dormitorios.
Las nuevas propuestas incorporan colores cálidos y luz indirecta, que vuelven los ambientes más acogedores.
Durante años, la iluminación de interiores quedó dominada por los techos cubiertos de focos LED distribuidos como un tablero, pensados para “resolver” de un solo golpe las necesidades de nuestro hogar.
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Sin embargo, ese recurso empieza a mostrar sus límites, ya que muchos diseñadores coinciden en que esa uniformidad terminó generando ambientes planos, fríos y sin carácter, como si cada casa buscara parecerse a un local.
En este escenario, surgen nuevas tendencias para el 2026 que apuntan a lámparas coloridas y composiciones más cálidas. Además, estas propuestas coinciden con otras que vienen tomando fuerza, como los muebles vintage, piezas artesanales y materiales con textura real.
La primera tendencia es dejar atrás los techos llenos de luces ya que los profesionales coinciden en que esto terminó por despojar a los interiores de calidez.
La propuesta 2026 propone una mirada más selectiva al usar pocos puntos de luz directa y reservar el protagonismo para luminarias que estén a la vista. La idea no es oscurecer la casa, sino darle jerarquía a la luz para que deje de ser un fondo neutro.
Las luces escondidas detrás de muebles, cornisas o paneles vuelven a ganar terreno. No se trata del LED frío de hace unos años, sino de tiras cálidas que suavizan los espacios.
La iluminación indirecta construye profundidad y aporta una sensación de calidez inmediata, ideal para livings, dormitorios y pasillos. Además, es una aliada para destacar la arquitectura.
De acuerdo a Paula Mena, en el artículo "Tendencias decorativas 2026" del sitio Architectural Digest (AD), la clave está en recuperar las lamparás como piezas de decoración, desde objetos de mesa con pantallas textiles hasta apliques y luminarias colgantes hechas con materiales naturales.
Además, estas pueden marcar el estilo del ambiente, mezclarse con colores intensos o contrarrestar la frialdad de elementos más sobrios.
El interiorista Noé Prades, en el sitio AD, insiste en que 2026 es el año de escuchar al lugar: no forzar una casa a responder a lo que está de moda, sino entender su ritmo, su historia y su luz natural.
Esto implica que la iluminación debe acompañar lo que el espacio pide. En ambientes de techos altos pueden estar lámparas grandes y piezas colgantes; en los más chicos lo mejor es sumar luz baja y cálida.
La iluminación deja de resolverse en un único plano. En 2026, se busca generar capas: luz baja (mesas y veladores), media (apliques) y alta (piezas colgantes o indirectas desde el techo).
Esta superposición crea profundidad y permite ajustar la atmósfera según el momento del día.
A su vez, la temperatura de color es clave. Se imponen las luces cálidas que favorecen la calma y hacen que la casa parezca más acogedora. Y, combinada con materiales como madera o fibras naturales, esta iluminación contribuye a un ambiente relajado.
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