En una calle tranquila, Funga desafía la inercia gastronómica porteña y convierte a los hongos en protagonistas absolutos de una cocina contemporánea, precisa y profundamente original.
Cocinar utilizando al hongo como base fundamental. Funga abre e invita a descubrir un nuevo mundo en la comida.
En un barrio donde conviven cafés relajados y propuestas eclécticas, un pequeño local de Colegiales logró destacarse con una premisa inesperada: convertir a los hongos en las vedettes del menú. Desde su apertura en julio de 2023, Funga despierta curiosidad y suma adeptos gracias a un concepto sólido, ejecutado con precisión y sin guiños a modas pasajeras.
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El proyecto nace de la sociedad entre Justine Devroe y Bruno Carosella, dos perfiles distintos que encontraron un punto de encuentro en la cocina. Justine, formada en experiencias gastronómicas en Suecia, Costa Rica y Perú, aporta sensibilidad, técnica y una mirada profundamente ligada a la naturaleza. Bruno, administrador y consultor gastronómico, suma estrategia y visión de negocio. La dupla convirtió sus recorridos personales en un proyecto que respira coherencia y carácter.
La carta —diseñada íntegramente en torno al universo fungi— es el corazón del restaurante. Allí conviven gírgolas, shiitakes, portobellos y la llamativa melena de león, trabajadas no como reemplazos vegetales, sino como ingredientes nobles y versátiles. Texturas, aromas y estacionalidad guían una cocina que se nutre de productores orgánicos y agroecológicos, y que propone platos originales sin perder claridad ni sabor.
El ambiente acompaña la propuesta. El salón, íntimo y luminoso, convive con un patio interno que rápidamente se convirtió en uno de los rincones preferidos del público: plantas, enredaderas y mesas bajas crean un clima relajado, ideal para un almuerzo sin apuro los fines de semana o una cena tranquila. Un detalle encantador completa la escena: una fructificadora exhibida en el salón permite ver los hongos en sus primeras etapas, sumando un componente lúdico y educativo a la experiencia.
FUNGA MILANESA
Dirección: Zapiola 1375, Colegiales.
En la mesa, la cocina demuestra su personalidad. Destacan entradas como el paté de hongos con nueces y oporto, o la empanada frita con hongos y relish de pera y lima. Entre los principales, ya se volvieron clásicos la milanesa de melena de león con pasta cacio e pepe, el shawarma de gírgolas en lafa con hummus y tzatziki, la hamburguesa “Mac Lion” con papas de triple cocción y el gratén de champiñones y portobellos con crema al vino blanco y pangrattato. Los postres —crème brûlée, volcán de chocolate o cheesecake de cajú— ofrecen un cierre impecable, acompañados por vinos naturales, vermuts y kombuchas artesanales.
La propuesta se completa con una barra de café de especialidad de Puerto Blest, con la opción de sumar hongos adaptógenos para foco, energía o calma. Y un dato que los vecinos ya adoptaron: cuando el restaurante no está en servicio, el mismo espacio funciona como Verdín bar de café, con cocktails, bakery y platos ligeros que amplían la experiencia durante todo el día.
Funga se afirma así como uno de los proyectos más singulares del barrio: un proyecto cuidado, contemporáneo y lleno de intención, que invita a descubrir un territorio culinario poco explorado. En tiempos donde la originalidad escasea, este pequeño restaurante demuestra que, bien trabajados, los hongos pueden dar lugar a platos memorables.
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